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"Ya se detonó un interés por conocer más sobre la planta" | EFE

Las grietas de un sistema en crisis y la hoja de coca en movimiento

Al ser una planta ligada a las prácticas culturales de los indígenas, debe tener las protecciones que el derecho internacional otorga.

Por: Isabel Pereira AranaOctubre 23, 2025

Que la prohibición global de drogas es un fracaso se ha vuelto ya, en ciertos círculos, un consenso y también un lugar de triste resignación. Observamos frustrados mercados de drogas cada vez más lucrativos, diversos, resistentes a la ley o a la sanción. El aparato legal que sostiene el modelo de la guerra contra las drogas – los tres tratados internacionales de drogas – así como el aparato político que continúa legitimando la prohibición de ciertas sustancias como norma social, parecen impermeables a la reforma.

Pero en medio de ese panorama desolador, se asoma una grieta interesante. Es poco conocido que la hoja de coca está clasificada en el mismo nivel de peligrosidad que el de la cocaína, en una fiscalización que funciona con un sistema de listas de la I a la IV, dependiendo del grado de riesgo y de los posibles usos médicos o científicos. La decisión de someter la hoja de coca al control estricto de la Lista I de la Convención Única de Estupefacientes se basó en informes cuestionables elaborados por el ECOSOC (Consejo Económico y Social de Naciones Unidas) en la década de 1950 con sesgos racistas y coloniales, y que ignoraban por completo los beneficios medicinales, nutricionales, sociales, culturales y religiosos de la hoja de coca. 

Esta situación podría cambiar, y se está revisando actualmente. En 2023, Bolivia solicitó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) una revisión crítica de la hoja de coca, procedimiento contemplado en las Convenciones que implica revisar la evidencia disponible sobre el potencial riesgo de abuso de una sustancia. Colombia también se sumó a la petición ante la OMS. 

Se trata de un proceso técnico donde un grupo de expertos estudia la evidencia científica disponible, y luego emite recomendaciones sobre dónde ubicar a la coca en el sistema de tratados. Ahí la cosa se vuelve política, pues las recomendaciones se trasladan a la Comisión de Estupefacientes de las Naciones Unidas  (CND, por sus siglas en inglés) , donde 53 países votan a favor o en contra de las recomendaciones. Esto permitirá decidir si la hoja de coca permanece en la lista 1, se traslada a una lista menos estricta, o se retira del sistema de fiscalización. Si los controles sobre la coca se flexibilizan, esto permitiría comercios nacionales e internacionales para los productos de esta planta.

El pasado 20 de septiembre conocimos el primer borrador del informe del Comité de Expertos en Farmacodependencia, que se discutió en audiencia pública el 20 de octubre. Contiene hallazgos sobre el perfil de riesgo de la hoja de coca, y la evidencia disponible sobre usos y efectos en la salud humana, pero aún no adelanta el tipo de recomendaciones que emitirá.

Este proceso está abriendo la puerta para que la política de drogas acoja dos elementos que por décadas ha ignorado: (i) la evidencia y (ii) los derechos humanos. Estudiar la hoja de coca, sus componentes, efectos en la salud humana, potenciales usos y riesgos, es un primer paso para desarrollar políticas públicas serias frente a la coca y otras sustancias.

Además, al ser una planta ligada a las prácticas culturales de los  indígenas, debe tener las protecciones que el derecho internacional otorga a las prácticas culturales de estos pueblos, no la estigmatización y persecución que se le ha dado por décadas. En esta edición de nuestro Boletín El Sur Global, hablaremos de varios de estos temas. Desde Dejusticia, analizamos la evidencia que trae el informe del Comité de Expertos, señalando los vacíos, y los escenarios que puede indicar. Desde el SENA Cauca, Dora Troyano e Isabel Pereira nos cuentan qué está haciendo Colombia para investigar la hoja de coca, y por su parte Luis Felipe Cruz y Sergio Pérez detallan qué escenarios regulatorios son posibles hoy en el país. Todos estos insumos además se han puesto a disposición del Comité de Expertos, para llevar la voz de la sociedad civil colombiana en este proceso. Estaremos además acompañando la preparación de la Comisión de Estupefacientes, para divulgar las recomendaciones y promover una votación informada.

Con esta grieta que se abre, se ilumina algo del absurdo de la prohibición que hemos vivido, y se le apuesta además al conocimiento, entendido de forma amplia, como condición fundamental para relacionarnos con las sustancias. Independiente del resultado final de este proceso, desde ya se detonó un interés por conocer más sobre la planta, y derribar los mitos que por años se han dicho sobre ella.

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