
"La cooperación china se distribuye de manera desigual". | EFE
Entre dependencia y diversificación: la reforma agraria en Colombia y el cambio en la cooperación internacional
Por: Carlos Quesada, José Ignacio de la Torre | Junio 25, 2026
Desde 2023, Colombia y China anunciaron acuerdos bilaterales en los que el país asiático se comprometió a apoyar comercialmente la reforma agraria. La adhesión de Colombia a la Franja y la Ruta en 2025 reforzó esta tendencia: en mayo de 2026, la ministra Martha Carvajalino presentó la aceleración de la admisibilidad sanitaria de productos agrícolas colombianos como una forma de cooperación que aporta a la paz territorial, el desarrollo rural y la sustitución de economías ilícitas. Esta apertura del mercado chino ocurre mientras se reduce la cooperación estadounidense y se discuten nuevamente aranceles a productos agrícolas colombianos. Ese contraste nos llevó a indagar cómo está cambiando la cooperación internacional y qué implica ese cambio para la reforma agraria.
– El vacío que está dejando la cooperación estadounidense
Los recortes a la cooperación internacional impulsados por la administración de Donald Trump han generado preocupación en Colombia, particularmente en regiones rurales afectadas por el conflicto armado como el Chocó o el Catatumbo, donde organizaciones sociales y actores institucionales advierten que una eventual reducción de recursos podría debilitar programas humanitarios, de construcción de paz y de atención a comunidades campesinas, indígenas o afrodescendientes. Proyectos auspiciados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) quedaron sin financiación, especialmente aquellos relacionados con la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 y con la asistencia a comunidades afectadas por la violencia y el desplazamiento forzado.
Colombia ha sido históricamente uno de los principales receptores de inversión y ayuda para el desarrollo provenientes de Estados Unidos, consolidándose como uno de sus aliados más estables en la región. Solo en el año fiscal 2024 recibió aproximadamente 586,5 millones de dólares en asistencia estadounidense, destinados principalmente a programas de seguridad, ayuda humanitaria y apoyo a la implementación del Acuerdo de Paz. Para 2025, la administración del presidente Joe Biden había presentado un presupuesto superior a los 400 millones de dólares destinados al país. Sin embargo, la administración Trump propuso posteriormente una reducción del 83 % de los fondos de cooperación internacional a nivel global. En esa misma línea, en julio de 2025 el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes aprobó una reducción del 50 % de la ayuda estadounidense a Colombia para 2026, especialmente en programas no militares, por iniciativa del legislador republicano Mario Díaz-Balart, aunque la medida aún debe ser ratificada por el Senado estadounidense.
Las consecuencias de estos recortes ya comienzan a reflejarse en distintos programas de cooperación y derechos humanos. Organismos internacionales y organizaciones sociales han advertido que la disminución de recursos provenientes de Estados Unidos podría impactar la capacidad institucional para responder a crisis humanitarias en Colombia, acompañar procesos de sustitución de cultivos ilícitos, a sostener proyectos de desarrollo territorial en zonas rurales y a la protección de líderes sociales en territorios donde persisten dinámicas de violencia armada .
– ¿Cómo funcionan los modelos de cooperación e inversión china?
El modelo de inversión y de ayuda al desarrollo de China está basado en los principios de la coexistencia pacífica. Lo que significa que las colaboraciones con los países receptores deben regirse por el respeto mutuo de la soberanía e integridad territorial, la no agresión mutua, la no injerencia en los asuntos internos, la igualdad y el beneficio recíproco. El principio de no injerencia en asuntos internos contrasta con los valores de los principales donantes occidentales, particularmente los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos – OCDE- , cuya ayuda suele estar vinculada con la implementación de reformas que mejoren la democracia, los derechos humanos y la gobernanza. Las diferencias ideológicas en las que se basan estos dos modelos crean tensiones en el ámbito de la cooperación internacional y ha dado lugar a varias críticas hacia China, sobre todo por la ausencia de condicionamientos en materia democrática y de derechos humanos en los países
Según AidData, la ayuda china al desarrollo se estructura principalmente a través de tres mecanismos: donaciones para proyectos sociales y cooperación técnica, préstamos concesionales con condiciones favorables y préstamos comerciales otorgados por bancos estatales chinos destinados principalmente a infraestructura y energía. Esta última categoría suele generar debates sobre si debe considerarse realmente “ayuda al desarrollo”, ya que responde también a objetivos económicos y estratégicos..
AidData agrupa estas modalidades en dos grandes categorías analíticas: la ODA (Official Development Assistance), alineada con la definición clásica de ayuda al desarrollo de la OCDE, y la OOF (Other Official Flows), vinculada principalmente a intereses comerciales o geopolíticos. Esta distinción permite diferenciar entre proyectos orientados al desarrollo social y aquellos centrados en inversiones estratégicas e infraestructura.
Estos mismos datos publicados muestran cómo, a nivel global, la cooperación china se distribuye de manera desigual en los diferentes sectores, siguiendo una lógica jerárquica de prioridades donde el desarrollo rural no es el protagonista. Los recursos se concentran en gran parte en industria, minería y construcción (404 mil millones de USD), en energía (280 mil millones) y transporte (199 mil millones). Mientras que, para áreas que se podrían vincular a dinámicas de desarrollo rural alternativo, como infraestructura social (28 millones) o comunicaciones (61 mil millones), el flujo es mucho menor. Esta diferencia en los montos de las inversiones revela una mayor orientación hacia proyectos de gran escala, con participación de empresas chinas.
– Desarrollo agrícola y comportamiento regional en Latinoamérica: aspectos clave para entender la cooperación china en Colombia.
A pesar de que actualmente la inversión directa de China en Colombia es relativamente baja, dos aspectos permiten anticipar las condiciones de un eventual crecimiento de su inversión en Colombia: el potencial del sector agrícola y el comportamiento de la inversión china en América Latina. Por un lado, el sector agrícola colombiano se ha consolidado como uno de los más dinámicos de la economía nacional y, por otro, según investigaciones recientes sobre la inversión agrícola internacional de China, sus inversiones tienden a concentrarse en países que ya mantienen vínculos comerciales con Beijing y cuentan con amplios recursos agrícolas. Estas inversiones responden principalmente a factores económicos como la disponibilidad de tierras cultivables, las oportunidades de producción y las relaciones comerciales previas más que a motivaciones exclusivamente geopolíticas. Este patrón coincide con la orientación general de la cooperación financiera china en América Latina, enfocada principalmente en sectores estratégicos y productivos. En este sentido, la expansión de la presencia china en la región parece responder principalmente a intereses económicos vinculados al acceso a recursos estratégicos y al fortalecimiento de relaciones comerciales.
Este patrón sugiere que, en el caso colombiano, la atracción de inversión y cooperación por parte de China dependería en mayor medida de factores económicos, como el potencial productivo, la disponibilidad de recursos y las relaciones comerciales existentes, que de consideraciones estrictamente geopolíticas o de consideraciones en torno a los derechos de las comunidades rurales.
– Cooperación china: ¿fortalece las autocracias y debilita los derechos humanos?
Una de las críticas más frecuentes hacia el modelo de ayuda financiera china sostiene que su ausencia de condicionalidades democráticas podría favorecer dinámicas autoritarias en los países receptores. Sin embargo, la evolución del índice democrático en países africanos receptores de ayuda china durante un periodo de dos décadas no muestra una relación negativa entre ambas variables. Por el contrario, los resultados muestran una leve mejora del índice democrático en contextos donde aumentó la cooperación, aunque sin que ello implique que siempre hay una relación causal directa suficiente, ya que otros factores internos podrían explicar, de forma concurrente o alternativa, estas trayectorias políticas.
En la misma línea, el análisis de indicadores vinculados al respeto de los derechos humanos como la ratificación de tratados internacionales y la apertura a mecanismos de monitoreo de las Naciones Unidas muestra una alta heterogeneidad entre los principales receptores de ayuda china. Esto abre un debate sobre si el despliegue de la cooperación china, ante la ausencia de criterios normativos relacionados con democracia o derechos humanos, se basa más bien en consideraciones pragmáticas y comerciales.
– Más preguntas que certezas.
Por ahora, preliminarmente podemos apuntar que, por sus importantes diferencias en cuanto a sus áreas de interés y modalidades, la cooperación China no podrá sustituir a la cooperación norteamericana en Colombia. La primera podrá enfocarse más en proyectos de infraestructura, transporte y energía, pero no podrá suplir los vacíos que potencialmente dejaría una reducción drástica de la cooperación de los Estados Unidos en áreas como asistencia humanitaria, derechos humanos, democracia e, incluso, en seguridad y solución al problema de las drogas declaradas ilícitas.
