El cambio climático tiene género: el caso de Providencia tras el huracán Iota
Dejusticia Septiembre 24, 2025
Las mujeres raizales, con sus saberes ancestrales, han estado al frente de la defensa territorial y de la sostenibilidad de sus familias y comunidades. |
Mirar el paso de Iota desde las experiencias de las mujeres raizales muestra la urgencia de construir respuestas al cambio climático con perspectiva de género, que además consideren las historias de despojo y resistencia previas.![]()
Mirar el paso de Iota desde las experiencias de las mujeres raizales muestra la urgencia de construir respuestas al cambio climático con perspectiva de género, que además consideren las historias de despojo y resistencia previas.![]()
En 2020, en medio de la pandemia, el huracán Iota destruyó el 98% de la infraestructura de la isla de Providencia, evidenciando cómo el calentamiento global expone a las comunidades a fenómenos climáticos cada vez más destructivos. Como mostramos en la reciente publicación de Dejusticia, “Efectos del cambio climático en la vida de las mujeres”, escrita junto a Lucía Ramírez y Paula Hurtado, centrada en las voces de las mujeres raizales, la experiencia de Providencia es un ejemplo de los desafíos que enfrentan comunidades y Estados frente a fenómenos climáticos extremos en contextos de profunda desigualdad. También revela que el cambio climático no puede pensarse al margen de las desigualdades de género, que se agudizaron tanto durante el paso del huracán como en la reconstrucción.
En el último siglo, los raizales han vivido dinámicas de despojo impulsadas desde el centro del país o en instancias internacionales. El turismo y los megaproyectos han acaparado agresivamente tierras y zonas marítimas, restringiendo su acceso a tierra, pesca y agua. En este escenario, las mujeres, con sus saberes ancestrales, han estado al frente de la defensa territorial y de la sostenibilidad de sus familias y comunidades.
En medio de este contexto, Iota golpeó de manera profunda a la comunidad raizal, afectando sus medios de subsistencia, ecosistemas, cultura, vivienda y salud, con secuelas aún visibles. Esta vez en un escenario mucho más precario, las mujeres asumieron nuevamente el cuidado colectivo. Durante el huracán y la reconstrucción, protegieron a niños, niñas, adultos mayores y personas con enfermedades o discapacidades; cocinaron y distribuyeron comida, y a través del sistema tradicional de cisternas hicieron posible el acceso al agua. Sin embargo, mientras suplían necesidades básicas que debieron ser atendidas por el Estado, sus cargas de cuidado se multiplicaron. Además, enfrentaron nuevas violencias: muchas reportaron casos de acoso y violencia sexual durante el proceso de reconstrucción, marcado por la llegada masiva de foráneos a la isla.
Mirar el paso de Iota desde las experiencias de las mujeres raizales muestra la urgencia de construir respuestas al cambio climático con perspectiva de género, que además consideren las historias de despojo y resistencia previas. Esto pasa por diseñar sistemas de atención a riesgos que integren sus saberes y prácticas de cuidado colectivo, activar protocolos de prevención y atención a violencias de género y evitar que la reconstrucción dé paso a nuevos megaproyectos de despojo. Como lo han denunciado históricamente las mujeres al frente de las luchas ambientales en el mundo y lo reconoció la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el cambio climático tiene género y afecta de forma desproporcionada a las mujeres más vulnerables. Por eso, sus voces y experiencias deben estar en el centro de las soluciones.
