From #JeSuisCharlie to #YoSoyBonil
CĆ©sar RodrĆguez Garavito February 9, 2015
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The court hearing tomorrow, in which the Ecuadorian cartoonist Xavier Bonil (also known as Bonil) could be convicted, evinces the Correa administration’s growing intolerance against satire and civil liberties.![]()
The court hearing tomorrow, in which the Ecuadorian cartoonist Xavier Bonil (also known as Bonil) could be convicted, evinces the Correa administration’s growing intolerance against satire and civil liberties.![]()
Si explicar un chiste no tiene gracia, tener que rectificarlo es una desgracia. Mucho mÔs para un sÔtiro profesional como Bonil, el popular caricaturista ecuatoriano. MÔs aún si el precio es US$180.000. Cuando los gobernantes y las leyes no toleran el humor, los chistes pueden salir caros.
A las 9 a.m. de maƱana, Xavier Bonilla, Bonil, comparecerĆ” ante la Superintendencia de Información y Comunicación (Supercom) de Ecuador, para responder por una caricatura que publicó en agosto pasado en el diario El Universo. El dibujo se mofaba de AgustĆn Delgado āparlamentario correĆsta y exjugador de la selección nacional de fĆŗtbolā, por trastabillar al leer un discurso ante la Asamblea Nacional y las cĆ”maras de televisión.
No es la primera vez que la Supercom va tras Bonil. Hace un aƱo, el caricaturista y su diario fueron multados por US$90.000 y obligados a rectificar por una viƱeta que satirizaba el allanamiento de las oficinas de un miembro de la oposición polĆtica que habĆa hecho denuncias de corrupción contra el Gobierno. SegĆŗn la Supercom, la caricatura āno corresponde a la realidadā y āestigmatiza la acciónā de quienes aparecen en ella (los policĆas y fiscales que hicieron el allanamiento). Dijo lo obvio, porque en eso consiste una caricatura. Si correspondiera a la realidad āsi no la distorsionara, la exagerara o la invirtieraā serĆa un retrato. Si no estigmatizara la conducta humana āsi no la cuestionara con agudeza y humorā nada la justificarĆa, porque nada la distinguirĆa de la noticia.
Sin esas diferencias se marchitan la crĆtica y el humor. Osuna habrĆa quebrado a El Espectador. Daniel Samper Ospina, Vladdo y Semana pasarĆan su tiempo en los tribunales. La LuciĆ©rnaga se apagarĆa y a Jaime Garzón no lo habrĆan matado los paramilitares, sino la autocensura.
Son diferencias esenciales para la democracia y la libertad de expresión. De ahà que las cortes independientes, desde el Tribunal Europeo de Derechos Humanos hasta la Corte Interamericana y la Corte Constitucional colombiana, distingan entre la libertad de información (que estÔ sujeta al deber de veracidad) y la libertad de expresión (que no lo estÔ). Y reconocen una latitud mayor para las opiniones sobre funcionarios públicos, por ser contrapesos frente al poder de estos.
Entre todas las formas de opinión, el humor y la sĆ”tira son las mĆ”s libres, y con frecuencia las mĆ”s contundentes. āLa sĆ”tira es el arma mĆ”s eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democrĆ”ticos, porque la risa libera al hombre de sus miedosā, dijo alguna vez DarĆo Fo, el comediante y dramaturgo italiano ganador del Nobel de Literatura.
De modo que el humor es un termómetro de la democracia. Asà lo muestra la evolución del gobierno de Rafael Correa, cuya intolerancia creciente ante la sÔtira ha ido de la mano con la erosión de las libertades y el Estado de derecho.
El recuento mĆ”s lĆŗcido que conozco de la ārevolución ciudadanaā es el que le escuchĆ© en Quito a MarĆa Paula Romo, la destacada integrante de la Asamblea Constituyente por el movimiento de Correa. La primera etapa fue la del gobierno progresista y demócrata que desembocó en la notable Constitución de 2008, que garantizaba las libertades civiles y aƱadĆa un catĆ”logo ejemplar de derechos económicos y ambientales. Correa parecĆa lograr la cuadratura del cĆrculo: una apuesta decidida por la igualdad sin erosionar las libertades bĆ”sicas. HabĆa razones de sobra para estar de buen humor y admirar el proyecto ecuatoriano.
El aƱo 2011 marcó un giro personalista y vertical del Gobierno, que cambió el humor de la revolución ciudadana y su actitud frente a los crĆticos. La reforma a la justicia de ese aƱo alineó a los tribunales con el poder Ejecutivo, como lo documentamos en un estudio de DPLF, Dejusticia y el IDL. Con ella se abrió un perĆodo de reformas y acciones que han debilitado los controles democrĆ”ticos, desde el derecho a la protesta (limitado por leyes penales sobre terrorismo que se han usado contra movimientos sociales) hasta los derechos polĆticos (restringidos por talanqueras legales y administrativas a los partidos y movimientos de oposición).
De esta Ć©poca viene la norma que tiene en aprietos a Bonil. La Ley OrgĆ”nica de Comunicación de 2013 impone tantos y tan duros controles a los medios y la libertad de expresión que ha sido llamada la āLey Mordazaā. La ley establece faltas tan vagas (como el ālinchamiento mediĆ”ticoā a un funcionario cuando un medio lo cubra crĆticamente de forma repetida) y requisitos tan invasivos (como el deber de los medios de contratar un veedor elegido por un procedimiento fijado por el Estado) que en la prĆ”ctica le da vĆa libre al Gobierno, a travĆ©s de la Supercom, de censurar directa o veladamente las informaciones y opiniones crĆticas. SegĆŗn Fundamedios, durante el primer aƱo de vigencia de la ley, la Supercom inició 136 procesos contra medios de comunicación e impuso sanciones en 42 casos.
El monto de las sanciones es otro mecanismo de censura y autocensura. La multa de US$90.000 a Bonil y El Universo āequivalente al 2% de la facturación de tres meses del diarioā fue calculada con base en la ley. TambiĆ©n lo son los US$180.000 de la multa que podrĆa imponĆ©rsele a Bonil, porque la ley dicta que cada reincidencia se paga con el doble de la multa anterior.
La intolerancia frente a la crĆtica y el giro antidemocrĆ”tico parecen seguir esta progresión geomĆ©trica en el Ecuador actual. Para Romo y otros observadores, el punto de inflexión es la reforma constitucional que permitirĆa la reelección indefinida de Correa y que cursa actualmente en el parlamento, tras haber sido avalada por el Tribunal Constitucional.
Las olas de la probable sanción a Bonil se sentirĆ”n mĆ”s allĆ” de Ecuador, porque el caso tiene dos aristas que aplican en otras partes. De un lado, la acusación inicial contra el caricaturista alegaba discriminación racial, porque el parlamentario AgustĆn Delgado es afroecuatoriano. Aunque Bonil no hacĆa ninguna alusión al color de la piel del retratado, el Gobierno y algunas organizaciones antirracistas sĆ lo hicieron en sus quejas. El artista reiteró pĆŗblicamente que esa no era su intención y presentó excusas por la interpretación que se le podĆa dar a su caricatura. De ahĆ que el cargo que enfrenta maƱana es haber discriminado por razones socioeconómicas (aunque, de nuevo, el dibujo era sobre un parlamentario en ejercicio). Todo lo cual reaviva el debate sobre el balance entre las importantes leyes contra la discriminación y sus riesgos para la libertad de expresión en AmĆ©rica Latina.
De otro lado, a escasas semanas del atentado terrorista contra Charlie Hebdo en ParĆs, el caso Bonil recuerda que las amenazas contra la sĆ”tira y la libertad de expresión no vienen sólo de los violentos. Y que no hay que ir tan lejos para encontrar seƱales preocupantes de censura. No debe sorprender que el gobierno ecuatoriano hubiera decidido aplazar para maƱana la audiencia contra Bonil, inicialmente programada para el 16 de enero, cuando daba la vuelta al mundo el #JeSuisCharlie. Por eso Bonil comparecerĆ” con un gigantesco lĆ”piz en la mano, mientras en las redes sociales circula el #YoSoyBonil.
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