Many Lectures, Little Schooling
Nelson Camilo Sánchez September 11, 2014
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As a fellow blogger, Mauricio AlbarracĂn, aptly stated, Sergio Urrego didn’t commit suicide: Sergio was killed by discrimination.![]()
As a fellow blogger, Mauricio AlbarracĂn, aptly stated, Sergio Urrego didn’t commit suicide: Sergio was killed by discrimination.![]()
Sergio fue vĂctima de una persecuciĂłn social e institucionalizada que lo llevĂł a la muerte. Las valientes denuncias de sus padres y los testimonios desgarradores que el propio Sergio dejĂł antes de decidir lanzarse del techo de un centro comercial dejan ver el rol que cumpliĂł el sistema escolar en esta persecuciĂłn. La escuela, el escenario de convivencia, integraciĂłn y aprendizaje, fue la herramienta de perpetuaciĂłn de los estereotipos discriminatorios.
Hoy se habla de crear cátedras anti discriminaciĂłn para supuestamente evitar que ocurran nuevos casos como el de Sergio. Las cátedras y las leyes se han convertido en dos de las soluciones más facilistas y populistas que saltan cada vez que algo pasa. En un paĂs con una discriminaciĂłn que mata, hay que crear la cátedra antidiscriminaciĂłn, y una cátedra de gĂ©nero, y de paso una de derechos humanos. Y por quĂ© no, como incluso lo ordenĂł una magistrada de Justicia y Paz, un paĂs en conflicto requiere una cátedra de memoria histĂłrica. NotifĂquese y cĂşmplase.
Pero la catedritis tiene dos problemas serios. Por un lado, el pensum de las instituciones educativas ya no aguanta una adiciĂłn más. A gatas están los colegios para cumplir las obligaciones que ya tienen sobrecargados a estudiantes y profesores (y con muy poca avaluaciĂłn y seguimiento para saber si atiborrar de informaciĂłn tiene o no los resultados esperados). Por otro lado, y aĂşn más importante, es el hecho de que una hora cátedra teĂłrica – y presumiblemente aburrida – no borra un contexto escolar que las contradice palmo a palmo.
Un estudiante recibe una lección sobre no discriminación, mientras que su rectora lo castiga por solidarizarse con un compañero perseguido. El niño recibe una disertación sobre racismo mientras ve a su maestro decirle macaco al jugador de fútbol del equipo contrario. Los estudiantes debaten sobre igualdad y derechos humanos mientras cumplen a raja tabla las órdenes de un sistema jerárquico, autoritario y en donde los discentes no pueden contradecir a los docentes.
Si vamos al caso de Sergio encontramos toda una serie de actos que muestran que cualquier cátedra sobre la materia no hubiera sido más que un chiste. Para empezar, el propio manual de convivencia permite la persecuciĂłn al establecer una prohibiciĂłn amplia de las “manifestaciones de amor obscenas, grotescas o vulgares en las relaciones de pareja dentro y fuera de la instituciĂłn”. La amplitud de esa frase fue luego interpretada por los profesores como aplicable a las relaciones de parejas del mismo sexo (el perjuicio de la obscenidad del amor homosexual). A su vez, esa interpretaciĂłn dio pie para que el colegio tratara la cuestiĂłn como una aberraciĂłn o enfermedad y exigiera “psicorientaciĂłn” y hasta certificado de la misma para permitir el acceso de Sergio al colegio. Adicionalmente, el colegio se sintiĂł autorizado para violar la intimidad de los muchachos y obligar a que Ă©stos comunicaran su orientaciĂłn a sus padres sin consideraciĂłn de si querĂan o no hacerlo, de si las condiciones familiares eran o no convenientes. Y el broche final: el castigo colectivo al grupo de jĂłvenes que en solidaridad con lo sucedido asistieron al entierro del “anarco, ateo y homosexual”.
Asà no hay cátedra que aguante. Por el contrario, el ejercicio de los derechos es la estrategia pedagógica más poderosa. Como lo expone la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cuando se piensa en educación EN derechos humanos hay que empezar por poner los derechos humanos EN la educación. Para ello, la reflexión va más allá de un libro de texto y se requiere que quienes hacen parte del proceso educativo estén comprometidos con una sociedad de derechos y vean a los estudiantes como sujetos de derechos.
“Mi sexualidad no es mi pecado, es mi propio paraĂso”, decĂa Sergio, con una madurez impresionante para su edad. Lástima que la instituciĂłn educativa no estuviera a la altura de sus estudiantes.
