The Digital God
Vivian Newman Pont April 6, 2016
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The FBI lost the security battle against Apple, which refused to breach the privacy of a terrorist’s cellphone, but in the digital age everyday new risks emerge. ![]()
The FBI lost the security battle against Apple, which refused to breach the privacy of a terrorist’s cellphone, but in the digital age everyday new risks emerge. ![]()
A menudo pienso en Google, Facebook, Twitter y en general en los gigantes de internet como dioses a los que les hacemos ofrendas diarias para calmar su furia y mostrarles respeto. Todos los dÃas les ofrecemos miles de nuestros datos que los engordan y vuelven poderosos. Últimamente, se me antoja que Apple se ha unido al Olimpo de los dioses con el acertijo que Iphone no quiso revelar al FBI. Acertijo entre la seguridad y la privacidad que tomó seis semanas resolver y dejó alguna lección.
La manzana de la discordia entre Iphone y el FBI fue el celular de uno de los atacantes de San Bernardino, California, que murió luego de asesinar 14 inocentes . Pero su celular Iphone seguÃa vivo. TenÃa un sistema iOS9, lo que implicó que sus datos, con sus contactos, quedaron encriptados cuando el FBI intentó abrir el aparato. Esos datos no pueden ser descifrados sin la llave criptográfica adecuada y esta llave a su vez está protegida con la clave del usuario. El juez emitió un primer fallo a favor del FBI y le pidió a Apple que debilitara los sistemas de protección del celular. Aceptó que Apple era como un arrendatario que alquilaba espacios y debÃa abrirle la puerta al Estado que buscaba evidencia criminal.
Para Apple, cumplir con la orden del juez pone en peligro la privacidad de todos sus usuarios que llevamos años pidiendo mayor protección de los datos que recoge. Como consecuencia de las revelaciones de Edward Snowden, Apple ha construido un sistema complicado y ajeno de protección y no tiene ni quiere tener la fórmula para descifrar el acertijo. Dedicarse a buscar esa fórmula arriesga el objetivo de garantizar la intimidad de quienes compran su producto. Al desarrollarse la fórmula para un celular se logra la base de la apertura para cualquier otro aparato. Y entre más personas conozcan los elementos de esta base, más difÃcil es mantenerla secreta. En poco tiempo llegará a los hackers.
Desde el otro lado, parte de la sociedad pidió boicotear a Apple hasta que diera acceso al celular. Y la policÃa insistió en que no debÃa haber ninguna puerta, ningún cerrojo y ningún sistema que no pudiera penetrarse con una orden judicial. Dijo que la investigación criminal es una función del Estado y que solo en Nueva York hay 175 Iphones esperando ser abiertos para resolver crÃmenes. Ganar este caso era importante para el FBI que tiene un vieja guerra contra el cifrado que considera el cielo protector de los terroristas.
En el fondo de la discusión, más que el argumento capitalista del gigante de los celulares está la protección del derecho a la intimidad de la ciudadanÃa. ¿Es un derecho absoluto y no debe ceder nunca, ni siquiera ante la función de brindar seguridad que tiene un Estado? Claro que no. La intimidad debe ceder, pero sólo cuando no exista otro medio menos lesivo a los derechos para lograr ese mismo efecto, bajo razonabilidad y proporcionalidad. Pero en este caso, sà hubo otro medio. El FBI ya aceptó que a través de un tercero, que se cree es la empresa israelita Cellebrite, logró romper el sistema cifrado.
Apple ganó pues no lo obligaron a descifrar su secreto, aunque pierde un poco porque demuestra que terceros rompen fácilmente sus sistemas de seguridad. El FBI ganó porque logró el cometido de abrir el celular terrorista, pero pierde porque no logró sentar un precedente para obligar al creador del acertijo a descifrarlo de cara al futuro. Y con su decisión de romper la clave del celular con un tercero y sin autorización judicial, perdemos todos porque creÃamos que nuestro celular estaba seguro guardando nuestra intimidad y que sólo un juez autorizarÃa su apertura.
La reacción de Whatsapp no se ha hecho esperar: cifrar automáticamente los mensajes de todos sus usuarios.
Lo que me lleva a recordar que la ley y quienes la aplican tienden a ser demasiado lentos frente a la tecnologÃa. Que mientras el congreso discute una norma, el juez entiende su adaptación a un caso y la policÃa se equivoca, los dioses se siguen alimentando con los datos que les arrojamos en un Olimpo con cada vez más acertijos.
