{"id":25707,"date":"2007-05-13T00:00:00","date_gmt":"2007-05-13T05:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.dejusticia.org\/the-war-on-drugs-a-repressive-addiction\/"},"modified":"2017-04-11T07:22:00","modified_gmt":"2017-04-11T12:22:00","slug":"the-war-on-drugs-a-repressive-addiction","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/develop.dejusticia.org\/en\/the-war-on-drugs-a-repressive-addiction\/","title":{"rendered":"The War on Drugs: A Repressive Addiction?"},"content":{"rendered":"\n<p>\t\t&#8220;Yo fui adicto durante quince a\u00f1os&#8230; La adicci\u00f3n produce una f\u00f3rmula b\u00e1sica: el \u00e1lgebra de la necesidad. El adicto es un hombre con una necesidad absoluta. El adicto necesita m\u00e1s y m\u00e1s. A partir de cierta frecuen\u00accia, la necesidad no conoce l\u00edmites ni control alguno. Est\u00e1s dispuesto a mentir, enga\u00f1ar, denunciar a tus amigos, robar, hacer lo que sea para satisfacer esa necesi\u00acdad total.&#8221;<br \/>\n\t\t(William Burroughs. Testimonio de su adicci\u00f3n en El almuerzo desnudo. Barcelona: Bruguera, 1981)<\/p>\n<p>Tal vez lo \u00fanico m\u00e1s adictivo que el uso mismo de ciertas drogas sea la represi\u00f3n de su consumo, su producci\u00f3n y su comer\u00acciali\u00aczaci\u00f3n. La drogadicci\u00f3n genera en el dependiente una necesi\u00acdad cada vez mayor de consumir unas drogas que le producen cada vez menores efectos; finalmente, el adicto simplemente consume para evitar el s\u00edndrome de absti\u00acnencia. La represi\u00f3n de las drogas prosigue un camino similar: es cada vez mayor la nece\u00acsidad que experimentan los poderes p\u00fablicos de reprimir ciertas conduc\u00actas, en principio para controlar un consumo en expansi\u00f3n; son cada vez menores los efectos de esa represi\u00f3n en disminuir la oferta y el consumo de drogas il\u00edcitas. Y as\u00ed, al igual que el drogadicto que frente a la dismi\u00acnuci\u00f3n de los efectos de la sustancia decide aumentar autom\u00e1ticamente la perio\u00acdicidad y la dosis del consumo, los poderes p\u00fablicos, al ver el escaso efecto de una represi\u00f3n creciente, deciden aumen\u00actar la dosis y la periodicidad de la misma. La represi\u00f3n deviene entonces adictiva. Ilustrar un poco esa met\u00e1fora es el objeto del pre-sente art\u00edculo.<\/p>\n<p>M\u00e1s y m\u00e1s represi\u00f3n: el ejemplo de 1989<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Zar de las drogas de los Estados Unidos, William Bennett, 1989 fue un a\u00f1o exitoso en la guerra contra las drogas: &#8220;Los arrestos en relaci\u00f3n con el narcotr\u00e1fico -se\u00f1al\u00f3 Bennett- han aumentado, las incautaciones de drogas se incrementaron, las confiscaciones de bienes de narcotraficantes y comerciantes de narc\u00f3ticos han crecido.&#8221; (La Prensa, Feb 7 de 1990, p 2) Sus afirmaciones aparecen respaldadas por cifras oficiales: Seg\u00fan las  estad\u00edsticas de la DEA, en 1989 se confiscaron bienes de presun\u00actos narcotraficantes por valor de mil millones de d\u00f3lares, la coca\u00edna confiscada totaliz\u00f3 81.7 toneladas, tres veces la cifra de 1986 y 43 % m\u00e1s que el a\u00f1o pasado. Igualmente, 1989 fue tambi\u00e9n un a\u00f1o record en materia de arrestos: la DEA consigna 25.618 arrestos por droga, de los cuales 15.097 por tr\u00e1fico de coca\u00edna. &#8220;Hay claros indicios -concluye entonces Bennett- de que estamos comenzando a ganar&#8221;.<\/p>\n<p>Estos \u00e9xitos parecen deberse al empleo de cada vez mayores recursos econ\u00f3micos para llevar a cabo esta &#8220;guerra&#8221;, acompa\u00f1ado de medidas represivas y militares cada vez m\u00e1s severas. El presu-puesto federal estadounidense para combatir el narcotr\u00e1fico ha pasado de menos de 1.200 millones en 1981 a aproximadamente 2.300 millones en 1986 y a 7.860 millones para el a\u00f1o fiscal 1990. Para 1991 se prev\u00e9 un presupuesto federal de m\u00e1s de 10.000 millones de d\u00f3lares . La ayuda militar americana a los llamados pa\u00edses productores ha aumentado considerablemente. Para 1990 se desti\u00acnaron fondos especiales de 261 millones de d\u00f3lares para Colombia, Per\u00fa y Bolivia, suma que superar\u00e1 los 2.000 millones de d\u00f3lares en los pr\u00f3ximos cinco a\u00f1os . Las nuevas medidas, tomadas en el marco de la llamada &#8220;guerra a las drogas&#8221;, incluyen en ciertos casos la pena de muerte, as\u00ed como la posibilidad de utilizar las Fuerzas Militares americanas en actividades de represi\u00f3n antinar\u00acc\u00f3tica. Con ello, el gobierno americano ha modificado una larga tradici\u00f3n -codificada en la &#8220;Posse Comitatus Act&#8221;- que imped\u00eda la utiliza\u00acci\u00f3n de los militares en asuntos de polic\u00eda, como la represi\u00f3n del narcotr\u00e1fico. Esa prohibici\u00f3n se mantiene en el plano interno pero no impide que las fuerzas militares arresten sospechosos de tr\u00e1fico de drogas por fuera de las fronteras estadounidenses. Esta intepretaci\u00f3n no s\u00f3lo es bastante contra\u00acdictoria -puesto que permite a las FF.MM hacer en el extranjero lo que no est\u00e1n autorizadas a hacer internamente- sino que adem\u00e1s evidencian la manera como la &#8220;guerra&#8221; al narcotr\u00e1fico puede afectar considera-blemente el prinicipio de no intervenci\u00f3n y la soberan\u00eda nacional de los llamados pa\u00edses productores. La inva\u00acsi\u00f3n de Panam\u00e1 es suficientemente ilustrativa al respecto: el 20 de diciembre de 1989, el gobierno del Presidente Bush mobiliz\u00f3 a m\u00e1s de treinta mil marines y realiz\u00f3 violentos bombardeos que destru\u00acyeron gran parte de ciudad de Panam\u00e1, en una operaci\u00f3n de &#8220;justa causa&#8221;, la cual inclu\u00eda como objetivo central la captura y posterior enjuicia\u00acmiento del presunto narcotrafi-cante Manuel Antonio Nor\u00aciega . <\/p>\n<p>Unos efectos m\u00ednimos.<\/p>\n<p>Sin embargo, los resultados de la represi\u00f3n en t\u00e9rminos de disminuci\u00f3n del consumo o de la oferta de droga han sido m\u00ed\u00acnimos. As\u00ed, el precio al por mayor en Miami de un kilo de coca\u00edna se situaba en el mes de febrero de 1990 entre 17.000 y 23.000 d\u00f3lares, no muy superior al precio de hace unos dos a\u00f1os -entre 11.000 y 19.000- cuando un exceso de suministro hizo caer la cotizaci\u00f3n de la coca\u00edna a su nivel m\u00e1s bajo. Aun m\u00e1s signi\u00acficativo  es el caso de los Angeles, en donde el 29 de septiem\u00acbre de 1989 se confiscaron 21 toneladas de coca\u00edna en un dep\u00f3\u00acsito, un record en materia de captura de drogas; a pesar de eso el precio no vari\u00f3 sustancialmente: se mantuvo entre 13.000 y 16.000 d\u00f3lares el kilo al por mayor, contra 12.000 y 15.000 un a\u00f1o antes. <\/p>\n<p>Esa estabilidad de los precios al por mayor en los Estados Unidos, a pesar de los &#8220;\u00e9xitos&#8221; se\u00f1alados por Bennett, muestra los efectos poco sensibles de la &#8220;guerra a las drogas&#8221; en dis\u00acminuir la disponibilidad de las sustancias ilegales. Es m\u00e1s: seg\u00fan el mismo departamento de estado, todo indica que &#8220;hubo una aumento significativo de la oferta total de coca\u00edna disponible en 1989&#8221; . Seg\u00fan sus estimaciones, en 1989, el a\u00f1o de mayores \u00e9xitos en la lucha contra la coca\u00edna, la producci\u00f3n total fue de 776 toneladas m\u00e9tricas, mientras que en 1988 fue de menos de 400 toneladas y a inicios de la d\u00e9cada era de menos de 50 toneladas. As\u00ed, desde inicios de la d\u00e9cada, la pureza promedio de la coca\u00edna vendida se elev\u00f3 en m\u00e1s del doble mientras que el precio ha disminuido en forma constante, lo cual muestra una mayor disponi\u00acbilidad de la sustancia. Lo mismo ha sucedido con la hero\u00edna: la pureza aument\u00f3 del 4 al 6 % entre 1980 y 1986, y se introdujo una nueva forma, la llamada &#8220;black tar&#8221; cuya pureza supera el 60 %. La marihuana muestra tendencias similares .<\/p>\n<p>Esto significa que la guerra al narcotr\u00e1fico declarada por el gobierno Bush y por el gobierno colombiano, a pesar de su intensidad y de los costos econ\u00f3micos, sociales y humanos que implica, no ha logrado afectar en forma m\u00ednima la disponibilidad de drogas en las ciudades de los pa\u00edses desarrollados.<\/p>\n<p>Este escaso impacto de la represi\u00f3n policial y militar pone en entredicho una de las bases esenciales de la estrategia del gobierno estadounidense contra el consumo de drogas: reducir la oferta de drogas il\u00edcitas a fin de aumentar su precio y dificul\u00actar el acceso de las mismas por parte de la poblaci\u00f3n . Frente a este tropiezo, los adictos a la represi\u00f3n solicitan entonces medidas cada vez m\u00e1s fuertes. Pero, pensemos, \u00bfpuede esta estra\u00actegia en verdad funcionar? Y, en caso de funcionar: \u00bfCu\u00e1les ser\u00edan sus efectos? <\/p>\n<p>La cadena de los precios.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el analista Peter Reuter, estos fracasos de la pol\u00edti\u00acca de represi\u00f3n &#8220;no son el resultado de incompetencia o de recursos inadecuados; ellos son inherentes a la estructura misma del problema&#8221; . Ello se debe simplemente a que por la naturaleza misma de la econom\u00eda de la droga, el aumento de los precios se hace al final de la cadena. Ello significa que las drogas, cuando entran a los Estados Unidos o a Europa, son relativamente baratas y su precio aumenta enormemente al ser vendidas al consumidor. As\u00ed, seg\u00fan los datos de la DEA, el precio del kilo de coca\u00edna al por mayor en los Estados Unidos en 1987 era de 15.000 U$, mien\u00actras que el precio de ese mismo kilo, una vez mezclado y reducido a gramos, se podr\u00eda elevar a unos 250.000 d\u00f3lares. Ello significa que aun cuando hubiera confiscaciones masivas de droga, su efecto sobre los precios finales seguir\u00eda siendo m\u00ednimo. <\/p>\n<p>Las victorias p\u00edrricas: la paradoja de los precios y el llamado &#8220;efecto bal\u00f3n&#8221;<\/p>\n<p>Sin embargo, es de todas maneras posible que una represi\u00f3n acentuada, con la utilizaci\u00f3n de recursos financieros, policiales y militares cada vez mayores, con la expedici\u00f3n de normas cada vez mas restrictivas de las libertades fundamentales, pueda eventualmente destruir numerosas redes y llevar a cabo reten\u00acciones masivas de drogas ilegales, provocando con ello un aumento del riesgo de la actividad, una disminuci\u00f3n de la oferta y un aumento del precio al consumidor final. Los informes de las autori\u00acdades estadounidenses de las \u00faltimas semanas de junio de 1990 indican que eso puede estar ocurriendo actualmente: en los \u00faltimos meses, el precio de la coca\u00edna al por mayor en Nueva York y Los Angeles ha aumentado en 40 % y la pureza de la droga al consumidor final ha bajado de un 93 % -que era el porcentaje com\u00fan en los a\u00f1os recientes- a un 50 o 50 % (Semana, junio 26 1990). <\/p>\n<p>Aun cuando las mismas autoridades estadounidenses no conclu\u00acyen que haya habido obligatoriamente una disminuci\u00f3n de la disponibilidad de coca\u00edna , se trata aparentemente de una gran victoria en ese terreno. Pero, la historia de la represi\u00f3n de las drogas muestra que se trata de victorias p\u00edrricas, siempre y cuando la demanda por las sustancias decla\u00acradas ilegales se mantenga. Muy r\u00e1pida\u00acmente, el aumento de los precios dinamiza la producci\u00f3n de drogas en otros lugares; el \u00e9xito de la represi\u00f3n sobre ciertos narco\u00actraficantes -cuando ello ocurre- simplemente favorece la creaci\u00f3n de nuevas redes y la constituci\u00f3n de otras organizaciones dedicadas al violento contrabando de drogas. <\/p>\n<p>Este fen\u00f3meno se debe, de un lado, a que la disminuci\u00f3n de la demanda es un proceso largo, como lo han mostrado las campa\u00f1as con respecto al alcohol y el cigarrillo, o cuya din\u00e1mica no depende directa\u00acmente de la actividad represiva. Y, de otro lado, debido a que las posibilidades de producir y comercializar las drogas il\u00edcitas son pr\u00e1cticamente ilimitadas. As\u00ed, la represi\u00f3n de la marihuana en M\u00e9xico, con la utilizaci\u00f3n de herbicidas, a finales de los a\u00f1os sesenta, tuvo como efecto esencial desplazar la producci\u00f3n a Colombia que se convirti\u00f3 entonces en la princi\u00acpal productora y exportadora de esa droga. All\u00ed adquirieron el &#8220;know how&#8221;, algunos empresarios y contraban-distas de drogas que posteriormente constituir\u00edan los carteles colom\u00acbianos de la coca\u00edna; por parad\u00f3jico que suene, estos carteles son entonces verda\u00acderos hijos de la &#8220;guerra a las drogas&#8221;. Igual\u00acmente, el efecto de la represi\u00f3n a la marihuana en Colombia permiti\u00f3 el desarrollo de los cultivos al interior de los Estados Unidos, haciendo de la marihuana una de las tres principales producciones agr\u00edcolas de ese pa\u00eds. <\/p>\n<p>Actual\u00acmente, la llamada &#8220;guerra al narcotr\u00e1fico&#8221; del gobier\u00acno colom\u00acbiano simple\u00acmente parece haber ocasionado una diversifi\u00acca\u00acci\u00f3n de la produc\u00acci\u00f3n de los carteles colombianos (los cuales parecen haberse involucrado crecien\u00actemente en el tr\u00e1fico de hero\u00edna, en alianza con organizaciones italianas), un aumento del control del mercado por el Cartel de Cali, menos afectado por la ofensiva del gobierno colombiano, y la creaci\u00f3n de nuevas rutas comerciales y de nuevos centros de producci\u00f3n. Es el llamado efecto bal\u00f3n (&#8220;balloom effect&#8221;): la represi\u00f3n en un lugar simple\u00acmente estimula la producci\u00f3n en otro. Se dice entonces que los trafi\u00accantes colom\u00acbianos han repartido sus redes en pa\u00edses veci\u00acnos, en especial, en Brasil. En este pa\u00eds, s\u00f3lo en 1989 se identi\u00acficaron cinco nuevas rutas, seg\u00fan un documento reservado de la Polic\u00eda Federal Brasi\u00acle\u00f1a, que se\u00f1ala que Brasil se ha conver\u00actido en &#8220;el m\u00e1s confiable y fuerte v\u00ednculo para los env\u00edos de la droga en Europa&#8221; (Semana, mayo 15 1990, p 54). La corrup\u00acci\u00f3n ligada al narco\u00actr\u00e1fico ya empieza a extenderse. As\u00ed, el jefe de la Polic\u00eda Federal brasile\u00f1a, en el estado de Mato Grosso Do sul, ha sido acusado de estar vinculado con los carteles colom\u00acbianos (La Prensa, mayo 25 de 1990). Igualmente, las dificultades de los carteles colom\u00acbianos han permitido que narcotraficantes bolivia\u00acnos empiecen a involucrarse directamente en la comercia\u00aclizaci\u00f3n de la coca\u00edna, copando redes provisio\u00acnalmente abando\u00acnadas por los empresarios colombianos. Es posible entonces que el efecto funda\u00acmental de la actual represi\u00f3n sea el de trasladar a los pa\u00edses vecinos a Colombia gran parte de los beneficios -rentas en narcod\u00f3lares- y de los perjuicios -la violencia y la corrupci\u00f3n- ligados al narco\u00actr\u00e1fico, sin que se haya avanzado en enfrentar el problema de la extensi\u00f3n del consumo de ciertas sustancias declaradas ilegales.<\/p>\n<p>Una represi\u00f3n adictiva y una sociedad policiaca.<\/p>\n<p>A pesar de los fracasos y, sobre todo, de los efectos contra\u00acproducentes de las actuales estrategias contra las drogas, los gobiernos y los funcionarios oficiales no s\u00f3lo insisten en mantenerlas, sino  que solicitan mayores recursos y medidas cada vez m\u00e1s severas, con crecientes restricciones a las libertades fundamentales. No se preguntan si la represi\u00f3n es necesaria y adecuada sino que simplemente buscan aumentar su periodicidad e intensidad. As\u00ed, gracias a estos adictos a la represi\u00f3n, progre\u00acsivamente se ha abandonado la posibilidad, defendida por algunos expertos, de desarrollar lo que se podr\u00eda denominar una pol\u00edtica criminal de derecho penal m\u00ednimo, la cual se basar\u00eda en la distinci\u00f3n entre las mafias y los usuarios de la droga, reser\u00acvando la aplicaci\u00f3n del derecho penal a las organi\u00aczaciones criminales dedicadas al tr\u00e1fico de drogas, mientras que \u00e9ste no intervendr\u00eda direc\u00actamente en los problemas sociales de salud p\u00fablica. Se ha pasado por el contrario a una concepci\u00f3n de &#8220;derecho penal m\u00e1ximo&#8221;, en la cual se busca aumentar el poder intimidatorio de las normas legales sobre producci\u00f3n, tr\u00e1fico y consumo -a trav\u00e9s de una escalada represiva creciente-, conso\u00aclidando as\u00ed un derecho de las drogas de excep\u00acci\u00f3n, el cual opera con crecientes restricciones a las garant\u00edas ciudadanas; seesta\u00acblece por esa v\u00eda un modelo medico-jur\u00eddico de control social. Finalmente, a\u00fan esa estrategia jur\u00eddica de derecho penal m\u00e1ximo es considerada isufuciente, y es sustituida por un modelo b\u00e9lico de seguridad nacional, en el cual el narcotr\u00e1fico y las drogas devienen asunto de Estado: la &#8220;guerra a las drogas&#8221; y la &#8220;guerra al narcotr\u00e1fico&#8221; son declaradas.<\/p>\n<p>As\u00ed, en nombre de esta llamada &#8220;guerra a las drogas&#8221;, se van dise\u00ac\u00f1ando nuevos mecanismos carcelarios y se van multipli\u00accando las redes de control para disciplinar sectores crecientes de la poblaci\u00f3n. En los Estados Unidos, la lucha contra las drogas ha minado las libertades civiles, posibilitando tests obligatorios para detectar consumidores, aumentando las facultades policiales de detenci\u00f3n y registro, y creando un ambiente generalizado de autoritarismo. En Colombia, gran parte de la legislaci\u00f3n de estado de sitio de los \u00faltimos a\u00f1os, altamente restrictiva de los derechos fundamen\u00actales, se ha hecho en nombre de la represi\u00f3n del narcotr\u00e1fico. En el plano internacional, la represi\u00f3n adictiva asume formas militares y de intervenci\u00f3n: los Estados Unidos, que han hecho de las drogas un asunto de seguridad nacional, devienen entonces la Polic\u00eda antinarc\u00f3ticos en el plano internacional, con capa\u00accidad aut\u00f3noma de captura de presuntos narcotraficantes en otros pa\u00edses, aun sin el consen\u00actimiento del respectivo gobierno, conforme a las declaraciones del Ministro de Defensa de los Estados Unidos, Richard Cheney (La Prensa, diciembre 15 de 1989) y de acuerdo a una decisi\u00f3n de la Corte Suprema que autoriza a las fuerzas de seguridad estado-unidenses a allanar en el extran\u00acjero sin orden judicial, ya que las garant\u00edas constitucionales no se aplican para operaciones en el extranjero (La Prensa, marzo 1 de 1990). <\/p>\n<p>La &#8220;guerra a las drogas&#8221; parece as\u00ed recoger las leg\u00edtimas inquie\u00actudes de los hogares de naciones como los Estados Unidos; en efecto, la extensi\u00f3n del consumo de ciertas sustancias sico\u00actr\u00f3\u00acpicas es vista por la poblaci\u00f3n como el problema n\u00famero uno de la sociedad estadounidense . Sin embargo, esa pretendida guerra lo \u00fanico que hace es instrumentalizar esas inquietudes leg\u00edtimas en funci\u00f3n de crear clientelas electorales dentro del Congreso americano, fortalecer mecanismos policiales de control de la poblaci\u00f3n y legitimar nuevas formas de intervenci\u00f3n esta\u00acdouni\u00acdense en diferentes pa\u00edses, y en especial en Am\u00e9rica Latina. La &#8220;guerra a las drogas&#8221; y esta adicci\u00f3n a la represi\u00f3n encarnan as\u00ed la ideolog\u00eda t\u00e1cita de sectores de derecha que desde mediados de los setenta han adquirido gran influencia insti\u00actucional en los Estados Unidos. Seg\u00fan el gran linguista Noam Chomsky, el belicis\u00acmo en torno a las drogas, se ha convertido en un instrumento para &#8220;violar las libertades civiles y justificar las agresiones&#8221; (La Prensa, marzo 2 de 1990, p 2).<\/p>\n<p>Esta &#8220;guerra a las drogas&#8221; condensa las con\u00actradic\u00acciones y los peligros de la estra\u00actegia norteamericana, pues coloca en un mismo paquete fen\u00f3menos radical\u00acmente diferen\u00actes, ya que incluye el elemento militar (la noci\u00f3n de guerra y la utilizaci\u00f3n masiva de las Fuerzas Milita\u00acres) en acciones que por su naturaleza son poli\u00accivas y\/o judi\u00acciales (la represi\u00f3n de una conducta il\u00edcita) a fin de solucionar un problema que en esencia no es delictivo sino social, a saber la creciente extensi\u00f3n del consumo de sustan\u00accias sicotr\u00f3picas consideradas t\u00f3xicas. El gran problema de la masiva utilizaci\u00f3n de este discurso por los medios de informa\u00acci\u00f3n, es que una vez  ha devenido dominante a nivel de la opini\u00f3n p\u00fablica, esas inconsis\u00acten\u00accias desaparecen y la imagen de la &#8220;guerra a las drogas&#8221; se consolida m\u00e1s all\u00e1 de toda sospecha, resultando cada vez m\u00e1s dif\u00edcil separar los diversos elementos y discutir la pertinencia de mantenerlos atados. Quien cuestiona esta &#8220;guerra&#8221; es entonces visto ya como un aliado objetivo de los empresarios de las drogas, ya como alguien indiferente al drama de los toxic\u00f3manos. A su vez, el adicto es representado como el elemento dinamizador de la actividad de las organizaciones criminales . La &#8220;guerra a las drogas&#8221; adquiere entonces el sabor de una cruzada por la salvaci\u00f3n de la humanidad, frente a la cual no pueden existir cr\u00edticos sino tan s\u00f3lo herejes y traidores. <\/p>\n<p>Una desintoxicaci\u00f3n necesaria: adios a la &#8220;guerra a las drogas&#8221;<\/p>\n<p>Frente a esta represi\u00f3n adictiva, que ha llegado al paro\u00acxismo con el plan Bush de &#8220;guerra a las drogas&#8221;, es necesario replantear totalmente el discurso en torno al narcotr\u00e1fico, modificar el lenguaje, desmilitarizar el tema y buscar nuevas alternativas . Las palabras no son inocentes; los contextos discursivos y la utilizaci\u00f3n de ciertos \u00e9nfasis tienen conse\u00accuencias trascenden\u00actales en la vida pr\u00e1ctica de los hombres, no s\u00f3lo por cuanto expresan motivaciones no siempre expl\u00edcitas de las acciones tomadas o por tomar, sino tambien porque determinan el horizonte mismo de las &#8220;solu\u00acciones v\u00e1lidas&#8221;. Los discursos funcionan como un principio de articulaci\u00f3n de pr\u00e1cticas sociales diversas, como un mecanismo de homogeneizaci\u00f3n de elementos dis\u00edmiles. En mucha medida somos lo que decimos, puesto que los discursos determinan muchos comportamientos. <\/p>\n<p>El lenguaje, sol\u00eda decir el fil\u00f3sofo Wittgenstein, es una forma de vida. Por eso nos parece esencial, como primera forma de escapar a esa intoxicaci\u00f3n represiva, abandonar la idea de &#8220;guerra a las drogas&#8221;, desmontar el discurso b\u00e9lico y comenzar a distin\u00acguir los posibles diversos aspectos y niveles que componen el problema. <\/p>\n<p>Muy esquem\u00e1ticamente, y sin que la enumeraci\u00f3n pretenda ser taxativa, creemos que es posible diferenciar al menos cinco fen\u00f3menos diversos que integran lo que muy gen\u00e9ricamente podr\u00eda\u00acmos denomi\u00acnar el &#8220;problema&#8221; de las drogas. Nos parece que si bien estos fen\u00f3menos se relacio\u00acnan estrechamente, es necesario diferen\u00acciarlos si queremos avanzar en el debate. De un lado, tenemos el problema primario a nivel social -todos las dificul\u00actades indivi\u00acduales, de salud, familiares, laborales, etc, ligadas al consumo creciente de sustancias sicotr\u00f3picas- fen\u00f3meno complejo pero a\u00fan insuficientemente estudiado. En segundo t\u00e9rmino, el problema de aplicaci\u00f3n de la ley penal debido a la declara\u00actoria de ilegalidad de la producci\u00f3n, comercializaci\u00f3n y consumo de ciertas drogas. Se trata pues de reprimir a unos empresarios contraban\u00acdistas de drogas, capaces de desarrollar actividades muy violen\u00actas y corromper importantes esferas debido a los recursos que movi\u00aclizan. En tercer t\u00e9rmino, encontramos los aspectos socio-pol\u00ed\u00acticos, ya que la consolidaci\u00f3n de la econom\u00eda de la droga genera problem\u00e1ticas que trascienden ampliamente los l\u00edmites de la ley penal; igualmente, es necesario estudiar el contexto socio\u00acecon\u00f3mico en el cual se expanden los cultivos il\u00edctos, puesto que parece clara la relaci\u00f3n, en pa\u00edses como Bolivia, entre la crisis minera debido a la ca\u00edda de los precios interna\u00accionales del esta\u00f1o y la expansi\u00f3n de la producci\u00f3n de hoja de coca en la regi\u00f3n del Chapare. En cuarto t\u00e9rmino, est\u00e1 el problema de la violencia asociada al narco\u00actr\u00e1fico, en especial cuando ella supera los l\u00edmites de la &#8220;competencia armada&#8221; entre diversos contrabandistas de drogas y se liga a atentados terro\u00acristas y activi\u00acdades de contrainsur\u00acgencia, como ha sucedido con el llamado narcoterrorismo y narcoparamili\u00actarismo en nuestro pa\u00eds. Finalmente, est\u00e1 el problema interna\u00accional puesto que el narco\u00actr\u00e1fico pone en relaci\u00f3n pa\u00edses pobres productores de drogas ilegales con pa\u00edses ricos consumidores de las mismas, proveedores de insumos qu\u00edmicos y de armas, y poseedores de las redes financieras a trav\u00e9s de las cuales los narcod\u00f3lares adquieren respetabilidad. <\/p>\n<p>Una vez que se ha distinguido estos niveles, creo que es posible avanzar bastante en la discusi\u00f3n. As\u00ed, se ver\u00e1 que la prohibi\u00acci\u00f3n penal no es m\u00e1s que un mecanismo ideado para contro\u00aclar la extensi\u00f3n del consumo de ciertas sustancias con\u00acsideradas t\u00f3xicas. Se trata entonces de una intervenci\u00f3n del derecho penal a fin de solucionar un problema social complejo (salud, desinte-graci\u00f3n familiar, etc), y por ende, cabe siempre preguntarse si tal interven\u00acci\u00f3n es leg\u00edtima y eficaz o si, por el contrario, sus costos en t\u00e9rminos de criminalidad asociada, restricciones a las libertades indivi\u00acduales, sobrecarga del aparato judicial y carcelario, violencia y desv\u00edo de recursos econ\u00f3micos, superan ampliamente sus eventuales beneficios. Tambi\u00e9n, gracias a los an\u00e1lisis de la criminolog\u00eda cr\u00edtica, es posible interrogarse si detr\u00e1s de la prohibici\u00f3n no juegan elementos discriminadores de otra \u00edndole. En efecto, un breve an\u00e1lisis muestra que el trata\u00acmiento punitivo de diferentes drogas no tiene una relaci\u00f3n estricta con su peligro\u00acsidad. As\u00ed, drogas supremamente t\u00f3xicas no son penali\u00aczadas o lo son muy levemente, mientras que drogas menos t\u00f3xicas reciben fuertes sanciones, tanto a nivel del uso como en lo que respecta a su producci\u00f3n y comercializaci\u00f3n. Un ejemplo ilustra\u00activo es el caso del opio en donde, como lo muestra Sebasti\u00e1n Scherer, hubo una criminali\u00aczaci\u00f3n diferencial, puesto que en 1909, en EE UU se proh\u00edbe fumar opio pero no se crimina\u00acliza el consumo de otras formas de opi\u00e1ceos como la morfina y la hero\u00edna que [arecen ser mucho m\u00e1s da\u00f1inos en t\u00e9rmimos de salud. Concluye entonces Sherer: &#8220;El tipo menos peligroso de consumo en t\u00e9rminos de salud, es decir, fumarlo, fue r\u00e1pidamente sujeto a criminali\u00aczaci\u00f3n, mientras que el m\u00e1s peligroso (inyectarse hero\u00edna) fue el \u00faltimo en ser definido p\u00fablicamente como problema social  &#8220;. Esta criminaliza\u00acci\u00f3n diferencial responder\u00eda a motivaciones puramente sociales: &#8220;Hab\u00eda que desplazar a la mano de obra china -\u00fanicos fumadores en esa \u00e9poca- cuando se volvi\u00f3 amenazante competencia en el mercado de trabajo. As\u00ed observamos como para su criminali\u00aczaci\u00f3n predo\u00acmin\u00f3 el inter\u00e9s econ\u00f3mico sobre el m\u00e9dico&#8221; <\/p>\n<p>Es posible igualmente distinguir y dar un tratamiento diverso al problema de la violencia narcotraficante y al fen\u00f3meno m\u00e1s general del contra\u00acbando de drogas. Distinciones de esa naturaleza permitir\u00edan asumir con menor histerismo b\u00e9lico y fundamentalismo moralista -que no preocupaci\u00f3n \u00e9tica- el debate en torno a las drogas. La falta de ese debate social y la escalada represiva de los adictos al control social han llevado a que un problema social complejo e innegable se haya transformado inicial\u00acmente en un asunto criminal, el cual, debido a sus ramificaciones ha adqui\u00acrido dimensiones sociopol\u00edticas al imponerse el modelo represivo de seguridad nacional, ha generado niveles de violencia extremadamente elevados, y ha terminado por &#8220;narco\u00actizar&#8221; una parte considerable de las relaciones interna\u00accionales de pa\u00edses como Colombia. Ese desmonte del discurso dominante tal vez contribuya as\u00ed a que nos alejemos de esta represi\u00f3n adictiva y, sobre todo, de la &#8220;guerra a las drogas&#8221; que, como bien lo dice Thomas Szasz, es uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s recientes de la historia de la estupidez humana . Sin embargo, lo tr\u00e1gico es que es posible que, mediante el mecanismo de la profec\u00eda que se auto\u00accumple, esta cruzada guerrera se convierta en algo cada vez m\u00e1s real en pa\u00edses como el nuestro. Y as\u00ed, mientras nos acercamos al siglo XXI, cuando en c\u00edrculos intelectuales y art\u00edsticos se empieza a hablar ya del post-modernismo, las drogas reciben un tratamiento premoderno fundamentalista m\u00e1s digno de \u00e9poca medioevales. Estamos frente a una nueva cruzada, una nueva guerra santa, una nueva causa justa. Ello nos recuerda la discusi\u00f3n de Guillermo de Baskerville con el abad del monasterio en donde se desarollan los acontecimientos de la hermosa novela de Umberto Eco:  <\/p>\n<p>\t&#8220;Guillermo baj\u00f3 la mirada y permaneci\u00f3 un momento en silencio. Despu\u00e9s dijo: &#8220;La ciudad de Br\u00e9ziers fue tomada y los nuestros no hicieron diferencias de dignidad ni de sexo ni de edad, y pasaron por las armas a casi 20.000 hombres. Despu\u00e9s de la matanza, la ciudad fue saqueada y quemada.<br \/>\n\t&#8211; Una guerra santa sigue siendo una guerra.<br \/>\n\t&#8211; Una guerra santa sigue siendo una guerra. Quiz\u00e1s por esos no deber\u00edan existir guerras santas.&#8221; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This article, through an analysis of the evolution of anti-drug politics in 1989, develops the metaphor of the addictive character to the \u201cwar on drugs\u201d.  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