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La política de drogas esté basada en la evidencia. | EFE

¿Qué sigue para la coca?

Mantener el status quo de la hoja de coca envía un mensaje desesperanzador sobre el sistema internacional de drogas.

Por: Isabel Pereira Arana, Sergio PérezOctubre 23, 2025

El 20 de octubre tuvo lugar la sesión pública del Comité de Expertos en Farmacodependencia (CEF), donde presentaron el borrador de informe sobre la hoja de coca. Participaron 57 países, se recibieron 27 aportes escritos, e intervinieron 15 expertos, entre ellos representantes de Dejusticia, Alianza Coca para la Paz, y autoridades indígenas de Toribío, Cauca. Posterior a esta audiencia, el CEF emitirá unas recomendaciones y es ahí donde el proceso deja de ser técnico y se vuelve político.

Dichas recomendaciones -que se conocerán posiblemente en diciembre- serán comunicadas a la Comisión de Estupefacientes (CND por sus siglas en inglés) en Viena, el órgano político del sistema internacional de fiscalización, conformado por 53 países. La CND tendrá la responsabilidad de votar a favor o en contra de la recomendación, si es que se emite alguna. Brevemente planteamos cuáles son los posibles escenarios en los que pueda estar la hoja de coca, según el tipo de recomendación que emita el CEF. 

Antes de abordar los escenarios hay que entender el concepto de listas dentro del sistema internacional de fiscalización. Las listas son un mecanismo de las convenciones de drogas para controlar y fiscalizar la producción, comercio, distribución y uso de ciertas sustancias psicoactivas o compuestos con las que se preparan dichas sustancias. A partir de la Convención Única de Estupefacientes de 1961 se creó un sistema con cuatro listas. En las Listas I y IV se encuentran aquellas drogas con alto potencial de abuso, y poco o ningún uso científico; la hoja de coca está en la Lista I. En cambio, en las Listas II y III se encuentran las sustancias que tienen menor riesgo de abuso y mayores usos médicos. En la práctica la diferencia entre la Lista I y la Lista II, es que esta última permite que las sustancias puedan tener algún uso médico, bajo controles menos estrictos que la Lista I, pero siempre bajo el entendido que sigue siendo una sustancia fiscalizada. Dos analgésicos nos ilustran al respecto: la morfina se encuentra en la Lista I, mientras que la codeína está en la Lista II. El uso médico de morfina requiere de una receta estricta, el uso de la codeína es controlado, pero esta sustancia se puede encontrar en ciertos jarabes para la tos.

Ahora sí, veamos qué escenarios puede enfrentar la hoja de coca de acuerdo con las recomendaciones que puedan o no emitir el CEF. Además, valoraremos qué tan viable es cada escenario, según el panorama político y el contenido del informe; analizaremos qué consecuencias tendría para el control de la coca y qué representa simbólica y políticamente cada escenario para la prohibición internacional.

El primer posible escenario es la reclasificación de la hoja de coca. Bajo este supuesto el CEF recomendaría a la CND que reclasifique o mueva la hoja de coca de la Lista I a la Lista II, permitiendo así mayores usos médicos de esta planta y admitiendo controles más flexibles. Consideramos que este escenario es el más probable, según la evidencia que incluyó el informe, en particular, porque se señala que el riesgo de dependencia o de eventos fatales es tan bajo o nulo que no justifica la clasificación más estricta. La coca y sus productos derivados tendrían entonces un chance de un mercado internacional, que tendría los controles propios del sistema de fiscalización. La reclasificación de la hoja de coca significaría qué es posible lograr cambios dentro del sistema de prohibición a partir de la evidencia. Una luz en medio de la oscuridad que representa la prohibición misma. 

El segundo escenario posible es que la hoja de coca deje de ser una sustancia fiscalizada, es decir, que se desclasifique. Lo que representaría una ventana de oportunidad para abrir el mercado internacional de esta planta sin restricciones ni mayores controles que el de un producto agrícola más. Un mercado no solo para usos médicos y científicos, sino para  los usos alternativos de esta planta. Este, tal vez, es el escenario más improbable de todos, porque el informe es enfático en mostrar la preocupación por la supuesta facilidad para extraer cocaína de la hoja de coca. Es necesario aclarar que una eventual desclasificación de la hoja de coca no afectaría en absoluto los rigurosos controles que se aplican a la producción y tráfico de cocaína, pues esta sustancia seguiría siendo fiscalizada en la Lista I. La desclasificación sería una grieta más para el sistema de prohibición internacional y un mecanismo de reparación ante la persecución y limitaciones que este sistema le ha impuesto a una planta fundamental para los pueblos andino amazónicos. Un reconocimiento y una reparación del error histórico basado en prejuicios racistas. 

El último escenario consistiría en mantener la hoja de coca dentro de la Lista I. Este escenario, con los estrictos controles que esta lista, es de lejos el más preocupante. La actual clasificación de la hoja de coca no solo es problemática por los argumentos que la sostienen, sino también porque los controles estrictos a los usos de esta planta limitan la capacidad de generar conocimiento científico. Este escenario catastrófico parece ser improbable o al menos sería difícil de justificar, pues el borrador del informe reconoce que no existe un riesgo significativo de que el consumo de hoja de coca desemboque en dependencia. En línea con las propias características de las listas, no tiene sentido que una sustancia con bajo impacto en la salud pública esté clasificada junto a sustancias que pueden generar alto grado de dependencia. Mantener el status quo de la hoja de coca envía un mensaje desesperanzador sobre el sistema internacional de drogas. Demostraría que los escépticos tienen la razón: el sistema es impermeable a la evidencia científica. Una torre de babel destinada a derrumbarse por su propia obsolescencia. 

Una vez se conozca cuál de estas posibles recomendaciones se emita por parte del CEF, empieza el proceso político en la CND y la campaña que deben hacer Bolivia y Colombia para conseguir los votos necesarios. El panorama es claro: cualquier escenario que implique flexibilizar los controles de fiscalización a la hoja de coca tendrá muchas dificultades de conseguir un voto mayoritario en la CND, más aún en un momento donde Colombia, proponente de la revisión crítica, enfrenta enormes presiones y escrutinio sobre el récord histórico de cultivos de coca para el narcotráfico.

Si bien el panorama hacia marzo 2026 es complejo, desde ya este proceso de revisión crítica resquebraja los cimientos mismos de la prohibición, revelando sus sesgos racistas y coloniales, y convocando a que de una vez por todas, la política de drogas esté basada en la evidencia y no en el miedo a lo desconocido.

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