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Donald Trump declaró en sus redes sociales: “Toda una civilización morirá esta noche y jamás volverá a existir”, refiriéndose al pueblo de Irán. Se trata de una amenaza a toda la humanidad. | EFE

EE. UU. contra Irán: no normalicemos la amenaza de destruir una civilización

Aunque estos países acordaron un alto al fuego y entrarán en una negociación de paz, las palabras de Trump contra el pueblo de Irán merecen rechazo categórico y colectivo.

Por: DejusticiaAbril 7, 2026

Donald Trump declaró hoy en sus redes sociales: “Toda una civilización morirá esta noche y jamás volverá a existir”, refiriéndose al pueblo de Irán. Aunque estos países acordaron un alto al fuego y entrarán en una negociación de paz, las palabras del mandatario equivalen a una amenaza de devastación masiva contra una población entera, y una amenaza a toda la humanidad. 

Este tipo de lenguaje cruza una línea política, jurídica y moral que creíamos bien establecida después de la II Guerra Mundial. Bajo el derecho internacional, está prohibido atacar directamente a civiles, realizar ataques indiscriminados y atacar o destruir intencionalmente infraestructuras civiles. La amenaza de Trump puede leerse como el anuncio de la intención de cometer un genocidio, un delito internacional de la mayor gravedad. Por eso, merece un rechazo categórico y colectivo.

 ¿Cómo llegamos aquí?

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra territorio iraní argumentando la necesidad de debilitar su capacidad nuclear y promover un cambio de régimen. Estos ataques han incluido bombardeos sobre infraestructura militar y civil, esto último, en clara infracción del Derecho Internacional Humanitario, que exige distinguir y proteger a la población civil. Los primeros efectos de estos ataques incluyen la muerte del líder supremo iraní. 

Por su parte, Irán respondió con oleadas de misiles y drones contra Israel, bases estadounidenses y aliados en el Golfo, además del cierre controlado del estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio energético global. 

La situación de derechos humanos es cada vez más dramática. Reuters, citando a la Fundación de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, informó el 2 de abril que más de 1.900 personas habían muerto y más de 21.000 habían resultado heridas desde el inicio de los bombardeos del 28 de febrero.

Los impactos de este conflicto no se limitan a Irán. En poco más de un mes, el conflicto ha evolucionado rápido hacia una guerra regional. La propia dinámica de escalamiento ha extendido la guerra a infraestructura civil y energética en todo el Golfo. 

Reuters reportó el 6 de abril ataques iraníes con misiles de medio alcance y drones contra el complejo petroquímico de Jubail, en Arabia Saudita, una señal de que el conflicto continuaría golpeando nodos críticos de producción industrial y exportación energética regional.

Lo que está en juego va más allá de Medio Oriente

Una escalada mayor tendría efectos globales inmediatos. El estrecho de Ormuz es hoy uno de los puntos más críticos de la economía global porque concentra flujos insustituibles de energía y de insumos claves. Por esta vía transitaba cerca de una parte del comercio marítimo mundial de petróleo y de gas natural licuado. El estrecho también canaliza más del 30% del comercio global de urea y cerca del 20% del amoníaco y fosfatos, productos que se usan como fertilizantes, conectando directamente la seguridad energética con la seguridad alimentaria

A partir de las disrupciones recientes, se ha observado un alza significativa en precios energéticos y de fertilizantes, aumentos en los costos de transporte y seguros, y respuestas estatales como la liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo y medidas para contener el impacto en consumidores.

Eso significa que una guerra más profunda en Irán que prolongue el cierre controlado de este punto de estrangulamiento crítico de la logística global puede traducirse rápidamente en más inflación, más presión sobre alimentos, energía y transporte, y nuevas disrupciones para la economía mundial. Los impactos serían particularmente severos en economías vulnerables.

Hoy, lo que está en juego no es solo la economía y estabilidad global, sino nuestro sentido más básico de humanidad. Ningún gobernante y ningún Estado debería tener la capacidad y posibilidad de exterminar un pueblo entero y, menos aún, hacerlo con impunidad.

Una guerra asimétrica

Esta guerra también está mostrando una lección central de nuestro tiempo: hoy la guerra asimétrica se libra con drones, misiles, ciberataques y control de puntos de estrangulamiento. 

No hace falta una ocupación total o la superioridad militar frente al otro bando para desestabilizar una región entera o sacudir la economía global. Basta con poner en riesgo rutas críticas, infraestructura energética, digital, puentes u otras infraestructuras civiles.  

El camino hacia adelante: defendamos nuestro sentido básico de humanidad

Frente a este complejo panorama humanitario y geopolítico, la disfunción actual de las instituciones multilaterales no puede ser excusa para la pasividad. Necesitamos un frente multilateral eficaz, con presión social y política real, para detener la escalada y frenar la amenaza que el bloque Israel-EE. UU. está proyectando sobre la región. 

Defender el derecho internacional hoy significa impedir que se normalice la amenaza de arrasar pueblos enteros en nombre de la seguridad y los intereses geopolíticos.

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