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Recientemente, un Tribunal en California condenó a Meta y a YouTube por su diseño adictivo frente a adolescentes.

Recientemente, un Tribunal en California condenó a Meta y a YouTube por su diseño adictivo frente a adolescentes. | Canva

Mientras la aristocracia tecnológica posa en la posesión de Trump II, las jurisdicciones de diferentes países intentan definir las responsabilidades de las grandes plataformas.

Mientras la aristocracia tecnológica posa en la posesión de Trump II, las jurisdicciones de diferentes países intentan definir las responsabilidades de las grandes plataformas.

A mis familiares y amigos no les importa el destino de sus datos. Consideran que la suerte está echada: las plataformas tecnológicas como Google y Meta ya saben más de uno que uno mismo, por lo que basta ser inmune a la publicidad. Por su parte, las empresas no quieren someter su recolección de datos a normas, para lo cual despliegan ingentes esfuerzos y dinero. Mientras tanto, cada segundo que pasamos en línea, aumenta nuestra dependencia de un sistema que no responde a reglas.


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El problema es al menos doble: Por una parte, el aumento diario de la recolección de datos termina en un perfilamiento que te convierte, sin consentimiento real, en una mercancía compuesta por tu comportamiento y vulnerabilidades. Te compran y venden en una subasta en línea, para ofrecerte publicidad que escapa a las normas de hoy. Por otra parte, la multiplicidad de datos es indispensable para entrenar grandes computadores que ofrecen desde redes sociales hasta inteligencia artificial. El entrenamiento se logra con el máximo de tu atención en línea, a través de un diseño que explota tus debilidades, predice tu comportamiento y genera daños y adicciones.

Mientras la aristocracia tecnológica posa en la posesión de Trump II, las jurisdicciones de diferentes países intentan definir las responsabilidades de las grandes plataformas. Desde el Reino Unido hasta la India, hay litigios para que los gigantes respondan. Recientemente, un jurado en Nuevo Mexico consideró a Meta culpable de prescindir de la seguridad necesaria para menores contra depredadores sexuales y un Tribunal en California condenó a Meta y a YouTube no por sus contenidos, sino por su diseño adictivo frente a adolescentes.

Hace seis años, Google y YouTube fueron obligadas a pagar 170 millones de dólares en Estados Unidos por violación de la ley de privacidad infantil, pero hoy alegan que no están obligadas a responder por el equivalente de las normas colombianas de privacidad. Tiktok y Whatsapp hacen lo mismo. Ni las multas por sí solas funcionan. Las Big Tech son bienvenidas en Colombia, pero ¿a qué autoridad acudimos si sus IAs deciden empezar a desnudar las fotografías de colombianas en línea como lo hizo Grok de Elon Musk? ¿Qué normas aplicamos si al usar Google Calendar para agendar citas con un psiquiatra, esta información pasa a terceros?

Las normas aplicables en Colombia son de hace más de 13 años y las autoridades tienen menos capacidades y poder que las plataformas. Con mayor razón es importante que las empresas y sus abogados reconozcan de buena fe lo que ya existe. Además, necesitamos más y mejor regulación, así como capacidades para implementar lo que existe y lo que se viene, porque la privacidad es un asunto público.

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