La impostura, el pasado y lo gris
Vivian Newman Pont Enero 8, 2015
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ImagĂnese por un segundo que descubrimos que un general de muchas estrellas no es lo que dice ser.![]()
ImagĂnese por un segundo que descubrimos que un general de muchas estrellas no es lo que dice ser.![]()
Que en lugar de ser un alto militar que lidera una agenda humanitaria, en realidad coordina mafias de la minerĂa ilegal. Que al final de cuentas, sus supuestas buenas intenciones camuflan afanes egoĂstas que van desde la seducciĂłn de su amante hasta el lucro personal. Pues hay un caso que no pertenece a la imaginaciĂłn sino a la realidad, sobre el cual trata la Ăşltima novela de Javier Cercas, del que podemos sacar alguna lecciĂłn en Colombia.
El impostor de la novela es Enric Marco, un catalán que hizo lo que la mayorĂa: durante la Guerra Civil actuĂł como adolescente rebelde y en la posguerra se acomodĂł y nunca levantĂł un dedo contra el rĂ©gimen. Pero como su sueño es ser un hĂ©roe, se inventa que luchĂł contra Franco, fue deportado a Alemania y encerrado en un campo de concentraciĂłn, con historias tan seductoras que termina siendo el presidente de la asociaciĂłn más grande de deportados españoles vĂctimas del Holocausto. Hasta que finalmente lo desenmascara un historiador y la sociedad se cuestiona sobre la totalidad de sus verdades.
Cercas, como en Soldados de Salamina, no escribe una novela de ficciĂłn sino de realidad, en la que explica que no quiere rehabilitar ni condenar a Marco. Quiere entenderlo y asĂ entenderse a sĂ mismo y al ser humano en general. El libro es, pues, sobre nuestra incapacidad de aceptar la realidad de lo que somos o hemos sido, y por lo cual surge la necesidad de inventarnos, fundiendo verdades con mentiras, para parecer mejores personas. Y en El impostor, su novela, reflexiona sobre las implicaciones individuales y sociales de esta flaqueza.
Me recuerda a Iván Orozco en su libro Justicia transicional en tiempos del deber de memoria, en donde rescata la importancia de la nociĂłn de “zonas grises” del sobreviviente de Auschwitz Primo Levi, que son aquellos casos de vĂctimas que se vuelven tambiĂ©n victimarios, sin dejar de ser vĂctimas. Creo que, al igual que los impostores, estas personas a veces eligen quĂ© verdades decir y quĂ© hechos ocultar. Por ejemplo, el ganadero que se alĂa a los paramilitares, por el desespero al que llega cuando le secuestran al hijo o matan al padre, generalmente resalta su condiciĂłn de vĂctima y oculta la de victimario. O el campesino que termina en la guerrilla para defenderse de los atropellos del sistema, quien realza su justificaciĂłn y olvida su calidad de opresor. En Colombia existen esas zonas grises, que debemos documentar y comprender, lo cual no significa justificar las atrocidades cometidas.
En esta reflexiĂłn sobre la capacidad de convertirnos en impostores es mejor aceptar nuestras flaquezas y entender nuestras zonas grises, pues lo contrario conduce a una memoria falsa e incompleta. No sĂłlo porque el ejercicio de memoria debe atender a la verdad, sino porque el pasado no perdona y por eso hay que conocerlo bien, aceptarlo y entenderlo, no para cambiarlo, sino para poder cambiar el futuro.
