Multilateralismo sí, pero no así
Dejusticia Junio 28, 2025
La Cuarta Conferencia para el Financiamiento del Desarrollo tiene lugar en Sevilla, España. | EFE
En Sevilla tiene lugar la Cuarta Conferencia para el Financiamiento del Desarrollo, donde se adoptará formalmente una propuesta para reformar el sistema financiero y fiscal global. ¿Tiene futuro?![]()
En Sevilla tiene lugar la Cuarta Conferencia para el Financiamiento del Desarrollo, donde se adoptará formalmente una propuesta para reformar el sistema financiero y fiscal global. ¿Tiene futuro?![]()
Del 30 de junio al 3 de julio, se celebrará en Sevilla (España) la cuarta conferencia para el Financiamiento del desarrollo (FfD), donde se adoptará formalmente —por los países miembros de las Naciones Unidas (ONU)— el “Compromiso de Sevilla“, una propuesta para reformar el sistema financiero y fiscal global.
Aunque creemos que abre la puerta a un multilateralismo más justo e inclusivo, quedó corto en compromisos clave para los países del sur global. No avanzó en la creación de un mecanismo soberano para resolver la crisis de deuda y se intentó debilitar la Convención Marco de la ONU por una cooperación tributaria Internacional, esencial para una fiscalidad más equitativa.
Estados Unidos se retiró del proceso, y varios países —principalmente miembros de la Ocde— mostraron una clara resistencia a redistribuir el poder en los espacios de gobernanza global bajo el marco de la ONU. Este tipo de bloqueos y retrocesos nos recuerdan que no todo lo que se hace en nombre del multilateralismo avanza hacia la justicia global.
Multilateralismo sí, pero no así. Urge construir un nuevo modelo, más horizontal y representativo. La IV Conferencia del FfD debe ser el punto de partida para ese cambio.
Un ejemplo del multilateralismo actual: influyente pero excluyente
Hablar de multilateralismo hoy (cooperación entre varios Estados) es complicado. En una actualidad marcada por guerras y rivalidades, la cooperación entre países parece más frágil que nunca. Y, sin embargo, en temas clave como la fiscalidad global, sigue siendo urgente.
La Ocde —ese grupo de 38 países ricos— es el ejemplo más conocido de organismo multilateral. Ha liderado medidas económicas y fiscales importantes como Beps (erosión de bases imponibles y traslado de beneficios) que buscan combatir estrategias que las empresas multinacionales usan para pagar menos impuestos y la disposición de un impuesto corporativo mínimo del 15% para multinacionales. Pero, su poder de decisión excluye a la mayoría de países del sur global. Gran parte de las reglas fiscales que promueve no suelen tener en cuenta a los países donde se genera realmente la riqueza: los países en desarrollo.
Aunque ha aportado avances en transparencia e intercambio de información, y representa un ejemplo importante de cooperación internacional, los países miembros de la Ocde también han bloqueado intentos de llevar estos debates a espacios más democráticos como la ONU.
Si queremos un sistema fiscal justo y global, es hora de trasladar las decisiones a espacios verdaderamente inclusivos. Es el caso de la Cuarta conferencia para el desarrollo —que se celebrará en Sevilla la próxima semana— y la Convención Marco por una Cooperación Tributaria Internacional —que iniciará en agosto de este año—. Sin justicia fiscal, no habrá desarrollo sostenible.
¿La cooperación fiscal puede avanzar en la ONU?
Se dice que la ONU ya no funciona, que está paralizada o incluso al borde del colapso. Pero, esta visión no es del todo justa.
La ONU no es una entidad abstracta que falla por sí sola. Son los gobiernos quienes la conforman y quienes toman las decisiones que determinan su rumbo. Lamentablemente, por decisión directa de sus Estados miembros, la organización ha sido progresivamente marginada, perdiendo capacidad real para cumplir su misión principal: prevenir la guerra.
Aun así, la ONU sigue siendo un espacio multilateral clave donde se abordan temas cruciales, como la salud global o la propuesta de una convención marco sobre cooperación tributaria. Además, ha logrado establecer referentes fundamentales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que hoy sirve como guía moral y legal para el mundo. Estos espacios siguen siendo útiles y necesarios, ya que muchos países continúan participando activamente en debates esenciales para el futuro del planeta.
El multilateralismo no está muriendo, pero su eficacia sí está en riesgo. Un ejemplo claro fue lo ocurrido durante las negociaciones previas a la Cuarta Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo. Tras meses de bloquear avances, Estados Unidos decidió retirarse del proceso. Sin embargo, el resto de los países logró alcanzar un acuerdo unánime sobre el documento final, sin necesidad de una votación.
Este episodio puede leerse de dos formas. Por un lado, muestra cómo la resistencia de una potencia como Estados Unidos puede frenar el avance colectivo. Por otro, demuestra que —cuando hay voluntad política de la mayoría— la cooperación global puede avanzar incluso sin el respaldo de los actores más poderosos.
En este contexto, las Naciones Unidas siguen siendo una herramienta útil e indispensable: un espacio donde los países, la sociedad civil y los actores económicos pueden dialogar y negociar acuerdos en torno a desafíos comunes. La tarea es exigir a nuestros gobiernos que actúen en función del interés común, porque la cooperación internacional no solo es posible, sino imprescindible para construir un futuro más justo, solidario y sostenible.
Los desafíos que se vienen
Aunque el reciente Compromiso de Sevilla logró un consenso global, está lejos de la ambición que el mundo necesita para enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo: la crisis climática, la pobreza y la desigualdad, que afectan especialmente al sur global. Las prioridades políticas de los países del norte han diluido compromisos clave, sobre todo en áreas urgentes como la reforma de la deuda soberana.
Sin embargo, el documento reconoce algo fundamental: las enormes desigualdades del sistema fiscal mundial y la necesidad de dar más voz a los países en desarrollo. Se apoyan impuestos progresivos, la lucha contra la evasión fiscal, y se impulsa la idea de una Convención Marco de cooperación fiscal de la ONU. También se propone mayor transparencia en las multinacionales con un registro global de sus verdaderos dueños, entre otras medidas.
La buena noticia es que aún hay margen para avanzar. Si Sevilla logra ir más allá del protocolo y se convierte en un espacio real de negociación, puede sentar las bases para un nuevo pacto global más justo, equitativo y verdaderamente multilateral.
Sí al multilateralismo, pero no así. No uno dominado por intereses particulares, sino uno construido desde la cooperación genuina, la corresponsabilidad y la voluntad política de transformar lo que hoy no funciona para todos los países.
