A Bittersweet Balance
Dejusticia August 31, 2014
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The Inter-American Commission on Human Rights presented this week its new report about Colombia. Analysis.![]()
The Inter-American Commission on Human Rights presented this week its new report about Colombia. Analysis.![]()
En medio de una sala abarrotada y expectante, donde una delegación de alto nivel de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentaba su nuevo informe sobre Colombia, era inevitable palpar la ironĆa del momento. Hace solo cuatro meses, al desobedecer las medidas cautelares en el caso Petro, el gobierno colombiano se habĆa enfrentado a la CIDH y renegado erróneamente de la tradición de acatamiento al Sistema Interamericano. En ese entonces, la visita de la CIDH habrĆa sido tan tensa como inoportuna. Pero la polĆtica tiene esos giros: tras la alianza del presidente Santos y el alcalde Petro en las elecciones, el gobierno parece retomar el diĆ”logo respetuoso con la CIDH, contra lo que le aconsejaron apresurados asesores en abril.
De modo que la visita de la CIDH normaliza las relaciones con Colombia, como lo muestra el hecho de que el presidente Santos haya recibido a la delegación. Tras el encuentro, el mandatario circuló desde Twitter fotos de la reunión, anunciando que Colombia no serĆa candidata a volver en 2015 a la ālista negraā de la CIDH sobre situaciones graves de derechos humanos. Pero si se leen las 481 pĆ”ginas del minucioso informe, hay tantas razones de celebración como de preocupación.
Entre blanco y negro
Salir de la ālista negraā ha sido una prioridad para el gobierno y un asunto de honor para la Canciller. De ahĆ que hayan acordado con la CIDH un mecanismo para no aparecer temporalmente en el tristemente cĆ©lebre capĆtulo IV del informe anual de ese organismo, que mira con lupa los paĆses con peor desempeƱo en derechos humanos. En efecto, el informe que se acaba de presentar resultó de una visita que la CIDH hizo a finales de 2012, cuando Colombia llevaba mĆ”s de una dĆ©cada haciendo parte de la lista negra. Aceptar la visita fue la contraprestación y la muestra de buena voluntad del gobierno para lograr la salida temporal de la lista, en la que Colombia no ha figurado desde entonces y no figurarĆ” el próximo aƱo.
Pero el arreglo es provisional. La salida en firme del capĆtulo IV dependerĆ” de que el Estado colombiano continĆŗe los avances y detenga los retrocesos en la protección de los derechos humanos que documenta la CIDH. Como pasa con la candidatura a otros clubes mundiales ācomo la OCDE–, el ingreso de Colombia al de los paĆses cumplidores de los derechos humanos dependerĆ” no de los alegatos del gobierno, sino de las mejoras en la prĆ”ctica: dejar de ser el paĆs con el segundo nĆŗmero mĆ”s alto de desplazados internos en el mundo, uno de los mĆ”s peligrosos para periodistas y defensores de derechos humanos, el lugar donde el 64% de los pueblos indĆgenas estĆ” en riesgo de extinción fĆsica o cultural, las mujeres han sido botĆn de guerra y grupos muy variados ādesde la población LGBTI hasta las comunidades negrasā siguen siendo vĆctimas de discriminación cotidiana.
El dilema de la paz y la justicia
Si la lista de pendientes es compleja para el Estado, lo es tambiĆ©n para la CIDH. Como los dos lo han reconocido, el paso fundamental en materia de derechos humanos serĆa el fin del conflicto armado, del que nacen buena parte de las violaciones mĆ”s serias.
El dilema para la CIDH queda claro en su informe: a la vez que celebra el avance en las negociaciones de paz, advierte sobre los lĆmites que impone el derecho internacional y el Sistema Interamericano a los beneficios penales que pueden recibir los miembros de las FARC y otras guerrillas. Para la CIDH, los mecanismos de justicia transicional deben pasar por un escrutinio minucioso, por cuanto el Estado estĆ” obligado a castigar las violaciones graves de derechos humanos. Por eso ve con recelo las normas del Marco JurĆdico para la Paz en general, y en especial el hecho de que abra la opción de perseguir penalmente sólo a los mĆ”ximos responsables de delitos graves.
Se trata de una posición polĆ©mica en contextos de conflicto armado como el colombiano, donde por limitaciones prĆ”cticas (la enorme cantidad de violaciones de derechos humanos) como polĆticas (la necesidad de alcanzar un acuerdo con los combatientes) es difĆcil que cada uno de los casos pueda ser esclarecido judicialmente. El estĆ”ndar de la CIDH, surgido fundamentalmente de transiciones de dictaduras a democracias en otros paĆses de la región, no parece jurĆdica y fĆ”cticamente el mĆ”s adecuado para Colombia.
En este frente, como lo dijo a este diario Emilio Ćlvarez Icaza (secretario ejecutivo de la Comisión), la CIDH y el Estado colombiano tendrĆ”n que mantener un continuo diĆ”logo para calibrar el balance entre paz y justicia. En ese diĆ”logo, el Estado tiene sólidas bĆ”sicas jurĆdicas y fĆ”cticas para sostener que, en contextos de justicia transicional, combatir la impunidad no debe significa siempre investigar a todos los combatientes por todos los delitos que pudieron haber ocurrido en el marco del conflicto armado. Y que un proceso de esclarecimiento y penalización serio, transparente y concentrado en los mĆ”ximos responsables puede brindar mĆ”s justicia que uno que intente abarcar muchos casos, pero no rinda frutos concretos.
MƔs allƔ de la guerra
Como sucede con frecuencia, los dilemas de la guerra y la paz tienden a opacar otros retos igualmente importantes para los derechos humanos en el paĆs. No es el caso del informe de la CIDH, que ofrece un completo inventario de situaciones graves que encontró en mĆŗltiples encuentros en BogotĆ”, MedellĆn, PopayĆ”n y Quibdó. Y una rica hoja de ruta para un Estado que merezca salir de la lista negra.
EstĆ” documentada, por ejemplo, la situación de los pueblos indĆgenas afectados por proyectos mineros. En contravĆa de los lineamientos de la CIDH sobre la consulta previa, la prĆ”ctica muestra que las consultas son hechas sin reglas claras y transparentes, o sin el asentimiento de los pueblos y comunidades en los casos graves para los cuales el Sistema Interamericano exige su consentimiento.
Pero el gobierno no es el Ćŗnico que encontrarĆ” crĆticas y recomendaciones. TambiĆ©n las hallarĆ” el Procurador OrdoƱez, a quien la CIDH le hace serios cuestionamientos por su cruzada contras los matrimonios del mismo sexo y los derechos de las personas LGBTI. O los nuevos congresistas, que discutirĆ”n proyectos de ley que buscan reforzar el fuero penal militar, cuya ampliación la CIDH objeta enfĆ”ticamente con base en el consenso del derecho internacional en la materia.
El esperado informe estÔ ya en la discusión pública. No tanto para entrar o salir de la lista negra, sino para cambiar la realidad de los derechos humanos.
Consulte la publicación original, aquĆ.
