Obese and famished
César RodrÃguez Garavito November 24, 2017
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According to the latest Survey on the Nutritional Situation of Colombians, which was released this week, overweight rates in adults and children increased. This revelation opened the debate once again to imposing limits on ultra-processed food advertising and a tax on sugary drinks.![]()
According to the latest Survey on the Nutritional Situation of Colombians, which was released this week, overweight rates in adults and children increased. This revelation opened the debate once again to imposing limits on ultra-processed food advertising and a tax on sugary drinks.![]()
Readers will forgive me for writing again about food, overweight and obesity, which I have been writing on for a couple of years. But three facts and recent news suggest that we are finally giving the problem, literally, the weight it deserves.
El primer dato es la confirmación de que somos un paÃs en inflación. No monetaria, sino corporal. Cada cinco años nos mide la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional. Ya en 2010 la encuesta reveló que la mayorÃa de los adultos tenÃa exceso de peso (51,2 %). La de 2015, que acaba de ser publicada, muestra que la cifra subió a 56,7 %. La buena noticia es que los medios le dieron el debido despliegue al hallazgo. Y que el Ministerio de Salud la difundió en los términos graves que corresponden, recordando que el exceso de peso está asociado con buena parte de las enfermedades crónicas no transmisibles responsables de la mayorÃa de muertes en el paÃs, con el consecuente impacto en el sistema de salud.
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El segundo dato preocupante de la encuesta es que el problema ha aumentado con mayor rapidez entre los niños. En tanto que en 2010 el 18,8 % de los niños entre cinco y 12 años tenÃa exceso de peso, ahora el 24,4 % padece esa condición, con sus correspondientes riesgos de salud para el resto de la vida. La buena nueva es que asociaciones médicas, organizaciones de padres de familia y editoriales de varios medios han reaccionado apoyando medidas que varios venÃamos defendiendo hace tiempo pero que el lobby de la industria de comida chatarra ha logrado bloquear, como impuestos a las bebidas azucaradas, lÃmites a la publicidad de ese tipo de comestibles artificiales para los menores y etiquetas claras y veraces sobre el contenido de los productos ultraprocesados.
Muchos podrÃan pensar que se trata un problema de los sectores más ricos, donde niños y adultos estarÃan comiendo más allá de la cuenta. Aunque los resultados de la encuesta de 2015 no están disponibles aún por clases sociales, los de 2010 mostraron que la mitad de los más pobres sufren el sobrepeso y la obesidad, principalmente por consumir más alimentos altos en calorÃas y bajos en nutrientes, como la comida chatarra. Como lo hemos visto en trabajo de campo en lugares como La Guajira y la Ciénaga Grande de Santa Marta, a falta de agua potable, la gaseosa y los jugos endulzados son la forma usual de calmar la sed (y de sumar calorÃas vacÃas y gastar parte del escaso presupuesto familiar).
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Ese es el tercer hallazgo, al que no se le ha dado suficiente atención: la obesidad va de la mano con la pobreza. Como lo capta el tÃtulo del librazo de Raj Patel (Obesos y famélicos), la obesidad convive con la malnutrición y la desnutrición en las zonas pobres, como lo muestra de forma chocante La Guajira.
La industria de comida ultraprocesada responderá, como lo ha hecho en otras ocasiones, que el problema no es la dieta sino la falta de ejercicio. También que la solución no es regularla, sino dejar que se autorregule. Y seguirá promoviendo bebidas azucaradas para niños, como lo está haciendo Postobón en La Guajira con su nueva marca Kufu. Los estudios independientes y la experiencia en otros paÃses muestran todo lo contrario, como lo discutiré en otra columna.
