The Country’s Map
Mauricio GarcÃa Villegas May 28, 2016
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In Colombia we lie to ourselves a lot, but perhaps the most candid of all is to believe that we have a country as big as our national map suggests.![]()
In Colombia we lie to ourselves a lot, but perhaps the most candid of all is to believe that we have a country as big as our national map suggests.![]()
Si por paÃs se entiende una unidad territorial, con una población regida por un sistema polÃtico-jurÃdico único, entonces hay que decir que una cuarta parte de nuestro mapa no entra en esa definición. El Catatumbo, por ejemplo, del cual se ha hablado tanto por estos dÃas, hace parte de ese paÃs de papel.
Es una exageración decir que Colombia ha perdido ese territorio y que lo que allà hay es una serie de repúblicas independientes. Pero lo contrario tampoco es cierto: decir que allà hay un Estado que ejerce soberanÃa también es una desmesura.
¿Cómo caracterizar entonces esos territorios sin Estado? ¿Qué son esos municipios en donde hay más geografÃa que ley, más territorio que Estado? Tenemos poca información sobre lo que allà ocurre, lo cual es ya una consecuencia de la falta de Estado. No sabemos bien quién manda, cómo se ejerce justicia, cómo se relacionan los que mandan con el Estado central, etc.
En los últimos años, sin embargo, se han hecho muchos estudios que mejoran el conocimiento de esos territorios. En Dejusticia, por ejemplo, estamos próximos a publicar una investigación que intenta caracterizar esta parte del paÃs. Allà se mide la capacidad institucional de todos los municipios de Colombia con base en tres Ãndices: eficacia de la justicia local, capacidad para recolectar impuestos y desempeño administrativo (DNP). De allà concluimos que hay 137 municipios en los que el Estado es inexistente o muy precario. Esta es la cuarta parte del mapa que no tiene Estado; el paÃs de papel. En esta investigación también estudiamos cuatro municipios en profundidad: Tarazá, San Jacinto, Puerto AsÃs y San Vicente del Caguán.
De esos análisis concluimos que ese territorio sin Estado es muy poco homogéneo y por eso distinguimos cuatro tipos de municipio. El primero es el que denominamos Estado local en disputa, en donde uno o varios actores armados compiten con el Estado en la regulación económica, social y polÃtica del territorio. El segundo es el Estado local paralelo, en donde un actor armado, por lo general la guerrilla, domina la parte rural y el Estado se impone en el casco urbano municipal. El tercero es el Estado local cooptado, en donde, a pesar de las apariencias de normalidad, las instituciones municipales han sido capturadas por la mafia o por un poder terrateniente o paramilitar. Por último está el Estado local abandonado, en donde no hay actores armados, pero las instituciones municipales no tienen ninguna capacidad técnica, polÃtica o administrativa para regir los destinos del municipio.
El éxito del posconflicto depende en buena medida de que se diseñen instituciones y polÃticas públicas diferenciadas para cada uno de estos cuatro tipos de municipio. Hay que evitar un modelo único de intervención, como se ha hecho en el pasado, e idear modelos en sintonÃa con el contexto en el cual se interviene.
Institucionalizar esa cuarta parte del territorio nacional (ese paÃs de papel) es un desafÃo enorme, que no sólo requiere de un gran proyecto gubernamental para incorporar esos territorios, sino que requiere un gran consenso nacional sobre la necesidad de llevar a cabo ese proyecto. Lo digo de manera simple; nada de esto se logra si las élites nacionales y la opinión pública no empiezan a sentir esos territorios como parte del paÃs. No puede ser que cuando nos quitan un pedazo de mar al pie de Nicaragua, el paÃs entra en cólera patriótica, pero cuando la guerrilla se apodera del Catatumbo y hace lo que el Estado nunca ha hecho (imponer su autoridad), nadie se preocupa.
