
En nuestro evento paralelo, en el marco de la CELAC-África, conversamos sobre reparaciones históricas, justicia económica y justicia climática. | María Camila Morales
Reconectar, reparar, transformar: una nueva era en la relación entre África y América Latina
Por: Christy Crouse | Abril 14, 2026
El Foro de Alto Nivel entre la CELAC y África, realizado en Bogotá en marzo de 2026, puede marcar un punto de inflexión en la relación entre América Latina, el Caribe y el continente africano. Más que un encuentro diplomático, fue un paso fundamental para abrir una nueva etapa de cooperación Sur-Sur basada en el reconocimiento mutuo, la dignidad, la justicia histórica y la construcción de agendas comunes entre regiones llamadas a jugar un papel cada vez más decisivo en el mundo. El comunicado conjunto de los copresidentes deja ver que existe una voluntad política real de traducir ese acercamiento en prioridades compartidas y mecanismos de trabajo conjunto.
Esta reconexión no parte de cero. África y América Latina comparten una historia de intercambios profundos y complejos, atravesada por la colonización y la esclavización impuestas desde fuera. Ese pasado no solo dejó huellas indelebles en nuestras sociedades: también produjo una desconexión estructural que contribuyó a reproducir la subordinación de ambas regiones en el orden mundial. La precariedad de las rutas aéreas y marítimas directas, así como la debilidad de los intercambios culturales, académicos y comerciales, no son una casualidad: son parte de una herencia histórica que hoy debe ser superada.
La experiencia de la diáspora africana en las Américas muestra que este intercambio trasciende lo diplomático y debe leerse también a partir de memorias compartidas, resistencias comunes y vínculos culturales de larga duración. Esa dimensión histórica y humana es indispensable para que la cooperación birregional tenga un sentido transformador y no se limite a una agenda de coyuntura.
En la apertura del Foro, la vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez Mina, expresó con claridad el sentido político de ese momento: “El colonialismo hizo su tarea y nos puso a que no tuviéramos formas de conectarnos de manera directa. Nuestra propuesta es que esas rutas que un día lo fueron para traficar y comerciar seres humanos hoy se vuelvan rutas para dignificar la vida de nuestros pueblos”. La conversación pública que rodeó el evento giró en torno a la necesidad de convertir una historia de fractura en una agenda de reconexión entre pueblos del Sur Global.
Las conclusiones del Foro apuntan en esa dirección. El diálogo birregional abordó temas como sistemas de cuidado, biodiversidad, acción climática, transición energética, soberanía sanitaria, seguridad alimentaria, desarrollo rural, equidad digital, hábitat sostenible y paz y seguridad. También destacó la relevancia de la reparación histórica y la justicia étnico-racial, así como la necesidad de impulsar una cooperación económica más estrecha mediante mayor conectividad, facilitación del comercio, promoción de inversiones, educación, innovación y formación técnica.
No es un detalle menor que el Foro haya puesto sobre la mesa la necesidad de fortalecer la conectividad física entre ambas regiones. La ausencia de rutas directas ha sido uno de los síntomas más visibles de una desconexión heredada. Hoy, la posibilidad de avanzar en nuevas conexiones marítimas y aéreas debe entenderse no solo como una prioridad logística, sino también como una apuesta política por rehacer vínculos históricamente fracturados. Distintos análisis recientes han insistido en que la escala de África, su dinamismo demográfico y sus avances en integración la convierten en un socio estratégico ineludible para América Latina y el Caribe.
Esta nueva etapa también puede apoyarse en procesos previos de articulación e intercambio. Los antecedentes regionales recopilados por SELA muestran que existe una base de acuerdos y experiencias acumuladas sobre la cual es posible construir una relación más consistente, mientras que diversos diálogos académicos y políticos recientes han contribuido a renovar la conversación sobre las conexiones históricas y contemporáneas entre África y América Latina.
En el caso colombiano, esta reapertura de vínculos no empieza con el Foro, pero sí encuentra allí una plataforma de mayor proyección. La propia Cancillería ha presentado el encuentro como un esfuerzo por fortalecer la articulación política, económica y cultural entre América Latina, el Caribe y África. A la vez, experiencias recientes de intercambio económico, como el acercamiento entre Colombia y Mozambique, muestran que ya existen pasos concretos para ampliar la cooperación en comercio, agricultura, cambio climático y otras áreas estratégicas.
Pero esta reactivación de las conexiones no puede quedar restringida al plano gubernamental. Si se quiere construir una relación realmente transformadora entre África y América Latina, es indispensable que la sociedad civil, la academia, los movimientos sociales, las comunidades afrodescendientes, la juventud y otros actores colectivos sean parte activa de esta conversación. La cooperación Sur-Sur necesita también espacios públicos, críticos y plurales donde estas agendas puedan debatirse desde abajo y con vocación de largo plazo.
Por eso desde Dejusticia, junto a ILEX Acción Jurídica, Reform Initiatives, African Futures Lab y ECOSOC Unión Africana co-organizamos un espacio de diálogo y reflexión sobre estos vínculos y su conexión con las agendas de reparaciones, justicia económica y justicia climática. Este diálogo contribuyó a ampliar la conversación más allá de los canales oficiales y a subrayar que reconectar no es solo volver a encontrarse: es reparar una fractura histórica y transformar las bases mismas sobre las que se construyen nuestras relaciones.
