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Las ONG debemos repensar la financiación y movilización de recursos más allá de la tradicional fórmula de aplicación a convocatorias de donantes, sin comprometer nuestra misión ni principios. | EFE

La crisis ha abierto un momento fértil para imaginar nuevas formas de existir, que van desde la innovación financiera hasta la reinvención jurídica. Se trata de pensar en colectivo en la posibilidad de transformación sin renunciar a lo que somos.

La crisis ha abierto un momento fértil para imaginar nuevas formas de existir, que van desde la innovación financiera hasta la reinvención jurídica. Se trata de pensar en colectivo en la posibilidad de transformación sin renunciar a lo que somos.

Las organizaciones de la sociedad civil (OSC) que trabajan en derechos humanos están atravesando una crisis profunda provocada por la suspensión de una parte importante de la financiación y cooperación internacional. Además de las directrices de la Casa Blanca que ordenaron la congelación de asistencia internacional de USAID a inicios de 2025, la disminución o cancelación de la financiación por parte de la administración de Trump hacen parte de una tendencia más amplia que viene profundizándose en los últimos años.

Los recortes reflejan una tendencia global de países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Países Bajos, Suiza y Suecia, marcada por el desplazamiento de la cooperación para el desarrollo y la lucha por los derechos humanos, por mayores gastos en defensa y políticas antimigratorias.

Esta transformación ha golpeado con mayor fuerza a los países del sur global, donde las OSC que trabajan en derechos humanos y, particularmente, las organizaciones no gubernamentales (ONG) que dependen de la cooperación, enfrentan crecientes obstáculos para operar y sostenerse. Los efectos de esta crisis ya comienzan a ser visibles: los recortes mundiales -estimados en alrededor de 75 mil millones de dólares- han producido la cancelación de más de 5000 contratos y derivado en despidos masivos, al mismo tiempo que afectan a las poblaciones apoyadas por estas ONG. En América Latina, por ejemplo, una encuesta realizada por Wola reveló que el 77% de las organizaciones encuestadas deberá recortar fondos y cancelar proyectos en curso, y otro 70% anticipa reducir su personal o finalizar contratos.

Las ONGs deben imaginar nuevas fórmulas de sostenibilidad

En este nuevo panorama, las organizaciones debemos repensar la financiación y movilización de recursos más allá de la tradicional fórmula de aplicación a convocatorias de donantes, sin comprometer nuestra misión ni principios. Algunas organizaciones ya han venido reflexionando sobre vías para diversificar sus fuentes de ingreso e innovar financieramente. Así, podemos contar al menos seis estrategias que vale la pena considerar, las cuales no son excluyentes y cuya aplicación también depende de cada contexto legal e institucional.

La primera estrategia tiene que ver con la transformación del modelo organizacional mediante la venta de servicios o el establecimiento de empresas sociales alternas que trabajan de la mano con la ONG ya establecida. Es verdad que este camino desafía la lógica tradicional en la que las organizaciones no desarrollan actividades económicas. Sin embargo, son alternativas que no buscan generar ganancias personales, sino retornos financieros para la reinversión de fondos. Un ejemplo de esto es la Fundación Red de Mujeres Afroamazónicas Ubuntu que cuenta con un restaurante de comida tradicional que, no solo les permite sostenerse económicamente, sino también salvaguardar su saber ancestral y resistir la colonización gastronómica desde el departamento del Caquetá.

La segunda propone modelos de membresía o crowdfunding, una forma de financiación colectiva basada en contribuciones voluntarias. Plataformas de crowdfunding como Global Giving, Foreign Aid Bridge Fund, Unlock Aid y FILAC en América Latina, permiten acceder a fondos de emergencia ante crisis o recortes súbitos de recursos. Además, una forma de lograr el crowdfunding consiste en la transformación de narrativas que visibilicen el valor, la transparencia y el impacto de las ONG frente a la creciente deslegitimación. Un ejemplo de esta estrategia es el de la organización HCLU, de Hungría, que aprovechó ataques del gobierno contra las ONG para conectar con la ciudadanía mediante campañas de comunicación que mostraban cómo su trabajo impactaba la vida de las personas de a pie, logrando así una exitosa campaña de crowdfunding doméstico.

Una tercera estrategia apunta al retorno a formas de financiación de base comunitaria centradas en el trabajo voluntario calificado, los bancos de tiempo y el trabajo pro bono. Estas vías se enfocan en el fortalecimiento de redes locales y promueven el intercambio de tiempo y conocimiento sin costo.

Sumado a las anteriores, algunas organizaciones han comenzado a plantear un modelo de recursos compartidos que permite a varias organizaciones utilizar de forma conjunta instalaciones físicas, equipos contables y administrativos.

Otra alternativa es el uso de fondos de inversión o “endowment funds”. Aunque no está al alcance de todas las ONG, permiten invertir capital en actividades financieras de bajo y alto riesgo para generar ingresos. Usualmente, se conserva su capital inicial, usando solamente los intereses y garantizando la sostenibilidad a largo plazo. Estos fondos pueden operar al menos bajo dos enfoques: a través de organizaciones ya establecidas, como es el caso de la KCDF en Kenia, o mediante la creación de una organización que tenga la forma de fondo de inversión, orientada a fines específicos de promoción de los derechos humanos como EAMCEF en Tanzania.

Por último, la vía que parece más radical, pero que, en todo caso, hace parte del debate actual, implica el cambio de naturaleza jurídica hacia una organización con ánimo de lucro. Vale la pena aclarar que esta es una estrategia extendida mayoritariamente en países donde el cierre del espacio cívico impide que las OSC operen como Rusia. Esta alternativa busca acceder a nuevas fuentes de ingreso y mayor flexibilidad operativa.

Frente a las restricciones cada vez más profundas en países con tendencias autoritarias y en medio de las transformaciones del panorama internacional de financiación, las organizaciones de la sociedad civil estamos llamadas a seguir explorando y debatiendo con profundidad las implicaciones de cada una de estas estrategias diversas. La crisis ha abierto un momento fértil para imaginar nuevas formas de existir, que van desde la innovación financiera hasta la reinvención jurídica. Se trata de pensar en colectivo en la posibilidad de transformación sin renunciar a lo que somos, trazando siempre un horizonte conjunto de permanencia y compromiso con los derechos humanos.

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