La apuesta ambiental del Plan Nacional de Desarrollo
Dejusticia Febrero 10, 2023
Solo con la puesta en marcha del plan empezaremos a ver su eficacia. Y si bien muchos temas quedan por fuera, los desafĂos no son menores. | Jeffrey Arguedas, EFE
El texto del PND promete un avance nunca antes visto en materia socioambiental, pero también exige el mayor cuidado para disminuir la conflictividad y estabilizar las finanzas públicas a fin de lograr una mejora profunda en la calidad de vida de las personas y el cuidado de la naturaleza.![]()
El texto del PND promete un avance nunca antes visto en materia socioambiental, pero también exige el mayor cuidado para disminuir la conflictividad y estabilizar las finanzas públicas a fin de lograr una mejora profunda en la calidad de vida de las personas y el cuidado de la naturaleza.![]()
El Gobierno Nacional le apuesta a un fortalecimiento sin precedente del Estado Social de Derecho, principalmente en zonas rurales. El actual proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo (PND) busca cambios estructurales para potenciar las decisiones de las comunidades en sus territorios, asĂ como la conservaciĂłn de la enorme biodiversidad del paĂs, que valen la pena analizar.
Una primera lectura del PND parece indicar que los diálogos regionales vinculantes que lo alimentaron permitieron identificar una vasta extensiĂłn de conflictos socioecolĂłgicos a lo largo y ancho del paĂs —como en la Mojana, la AmazonĂa, el PacĂfico, entre otros—. Esto se refleja en una apuesta por reordenar el territorio “alrededor del agua”, por las alternativas para que los campesinos puedan coexistir en áreas de protecciĂłn ambiental, asĂ como el inicio de la descarbonizaciĂłn de la economĂa y la transiciĂłn energĂ©tica; esto es, fortalecer los ingresos pĂşblicos a partir de productos diferentes del carbĂłn y el petrĂłleo.
Dada la profundidad de los cambios, no es fortuito que despuĂ©s de la paz, el medioambiente ocupe uno de los primeros capĂtulos del PND y que el agua sea el primero de los ejes articuladores de transformaciĂłn del territorio. Sin embargo, la enorme ambiciĂłn del Plan requiere de instituciones fuertes, lo que es un problema porque no lo son, asĂ como pasos cuidadosos para evitar el aumento de conflictos territoriales y poner en riesgo las finanzas de la NaciĂłn.
El principal cambio que salta a la vista es proponer el paso de un ordenamiento territorial que impulsa la explotaciĂłn a gran escala de petrĂłleo y minerales a uno que privilegia la producciĂłn de alimentos y la conservaciĂłn de la naturaleza. Suena fácil, pero los retos son enormes. Primero, porque la economĂa del paĂs —y, en consecuencia, su funcionamiento— depende en gran medida de los hidrocarburos, lo que trae riesgos de estabilidad en medio de una crisis econĂłmica global.
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Segundo, porque varias de las figuras de protecciĂłn ambiental, como parques nacionales naturales y áreas de reserva forestal, desconocieron que histĂłricamente allĂ habitan campesinos, lo que ha generado enormes conflictos por las judicializaciones y la exigencia de irse de esas zonas, particularmente en el contexto de violencia del paĂs. Este PND incluye las concesiones forestales, un derecho al uso del bosque en áreas de reserva y baldĂos para obtener ingresos a partir del control de la degradaciĂłn de ecosistemas naturales y algunos usos de los bosques. Este punto puede ser especialmente complejo dada la tensiĂłn entre las demandas de propiedad de las tierras por parte del campesinado y la necesidad de eliminar los estĂmulos de ocupaciĂłn de estas áreas por parte del Estado.
Tres, porque los rĂos y ciĂ©nagas han sido tratados histĂłricamente como enormes cloacas, y su tratamiento y descontaminaciĂłn debe interpelarnos a todos, ya que son la fuente vital y econĂłmica del paĂs—imprescindibles para la pesca, agricultura, ganaderĂa, generaciĂłn de energĂa y abastecimiento hĂdrico—. A esto se suma la creciente incertidumbre climática, y el costo que implica el replanteamiento de las actividades productivas y los asentamientos en zonas de riesgo, en el marco de un proceso aĂşn inicial de un mejor catastro.
Además, dos temas resultan de mucho interĂ©s: la prohibiciĂłn del desarrollo de nuevos proyectos de gran escala para la extracciĂłn de carbĂłn tĂ©rmico a cielo abierto, y el registro de iniciativas que buscan la reducciĂłn de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin duda, los proyectos de gran escala son los que mayores impactos traen en el ambiente y los derechos de las personas, pero su gestiĂłn es difĂcil y costosa. Asimismo, el carbĂłn es uno de los principales combustibles fĂłsiles cuya quema ha incidido de forma determinante en el cambio climático. Esta prohibiciĂłn, sin embargo, mantiene los derechos actuales de las minas de gran escala, que aĂşn tienen dĂ©cadas de vida Ăştil por lo que no parece un gran cambio en el corto plazo.
Finalmente, la creación del registro de proyectos que buscan reducir emisiones es más que necesario. Actualmente, existen graves conflictos territoriales por la negociación de bonos de carbono, actividad no regulada ni controlada por el Estado, y que mueve grandes sumas de dinero sin que haya transparencia en el proceso.
Solo con la puesta en marcha del plan empezaremos a ver su eficacia. Y si bien muchos temas quedan por fuera, los desafĂos no son menores. El texto del PND promete un avance nunca antes visto en materia socioambiental, pero tambiĂ©n exige el mayor cuidado para disminuir la conflictividad y estabilizar las finanzas pĂşblicas a fin de lograr una mejora profunda en la calidad de vida de las personas y el cuidado de la naturaleza.
