Tres claves para hablar sobre polarización
Dejusticia Junio 26, 2026
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El término también se ha usado en la política para señalar a algunos sectores. Siendo así, ¿qué es importante tener presente para evitar afirmar que toda disputa política es polarizante? Estas son tres claves con una ñapa.![]()
El término también se ha usado en la política para señalar a algunos sectores. Siendo así, ¿qué es importante tener presente para evitar afirmar que toda disputa política es polarizante? Estas son tres claves con una ñapa.![]()
Si hay un término que está de moda en Colombia es el de la polarización. Escuchamos a los medios de comunicación y a diversidad de analistas decir que Colombia está polarizada. El término también se ha usado en la política para señalar a algunos sectores. Siendo así, ¿qué es importante tener presente para evitar afirmar que toda disputa política es polarizante? Estas son tres claves con una ñapa.
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La primera clave es reconocer la polarización como un concepto que puede ser ambiguo. Mientras el concepto original buscaba comprender las posiciones políticas en un rango derecha-izquierda, hoy en día su uso es variado: puede referirse a la distancia ideológica entre dos bandos, a la ausencia de posiciones moderadas, a actitudes que impiden la convivencia entre contrarios, al desarrollo de afectos positivos hacia grupos políticos afines y afectos negativos hacia grupos políticos contrarios, a una confrontación irreconciliable e incluso a una competencia entre el centro político y las demás posiciones por acaparar votantes. En el contexto del análisis político, todo puede ser polarizante si el concepto es cada vez más amplio o si está indefinido.
En segundo lugar, que existan bandos claramente definidos en la disputa política no es necesariamente negativo y es preferible evitar generalizaciones sobre la polarización al respecto. Por ejemplo, tener partidos políticos cohesionados y fortalecidos, fácilmente identificables por la ciudadanía, puede ser muestra de una democracia robusta. Asimismo, para los movimientos sociales puede significar el reconocimiento social de los disensos y la oposición, clave para cualquier apuesta de transformación social.
En tercer lugar, algunas nociones de polarización llaman la atención sobre el peligro del conflicto, pero el conflicto no es igual a violencia, puede ser el choque de ideas contrarias. Algunas perspectivas clásicas y críticas sobre la política nos recuerdan que la política es en sí misma conflicto: en la raíz del proceso para decidir cómo queremos vivir está la diferencia y diversidad de ideales que chocan entre sí. No pretendamos que todas pensemos y queramos exactamente lo mismo a menos que aspiremos a una sociedad totalitaria. Ahora, el medio por el cual resolvemos estas disputas no tiene que ser la violencia ni tampoco el consenso, puede suceder tal y como se vive generalmente en escenarios que propician el encuentro de fuerzas políticas contrarias, en instituciones como el Congreso o en espacios de articulación social como las juntanzas amplias de los movimientos sociales.
La ñapa: pensemos sobre la lógica amigo-enemigo. Algunas académicas sostienen que, en la política, hay una diferencia fundamental entre ser adversarias y ser enemigas. Con la adversaria no estoy de acuerdo, pero reconozco su existencia. Con la enemiga, además de disentir, no la reconozco como sujeto político y pretendo su eliminación. La noción de polarización como enemistad es común, como lo muestra la pregunta en que se basa el índice de polarización de V-Dem. Sin embargo, ¿qué caracteriza esa enemistad? Desde la perspectiva que rescato tiene que haber una intención de “eliminación” del contrario, unas acciones o discursos violentos que alienten o materialicen esta eliminación en detrimento de la convivencia en democracia. Esto implica tomarse en serio lo que ha significado la violencia en el país. Pero al mismo tiempo restringe el concepto para que no pueda ser usado como una forma de rechazo a cualquier discurso que plantee una distancia ideológica entre sectores sociales, en especial en el contexto colombiano, que tiene un largo historial de silenciamiento político.
También, esta perspectiva permite que el concepto se use de manera más cuidadosa, pues es diferente querer eliminar a mi contradictor a buscar cuestionarlo. Por ejemplo, es común que escuchemos a periodistas decir que las narrativas que señalan a una clase social son polarizantes. Pero esta no es una afirmación generalizable: hace parte del ejercicio de la política (y de la academia activista, incluso) exigir responsabilidades a actores concretos en situaciones que se perciben como injustas, como cuando se señala que el 1% más rico acumula un nivel de riqueza que es ajena al 99% restante, y que esto debe cambiar. O frente a otros temas vinculados con las experiencias de clase social.
Finalmente, es importante transitar del campo de las percepciones individuales a los estudios sistemáticos y rigurosos, que promuevan una política plural, vigorosa y vibrante comprometida con una cultura de la no violencia. En especial ahora, que los monstruos totalitarios y autoritarios están al acecho.
