
Conoce tres casos clave de Dejusticia en litigio estratégico. | EFE
Litigar también es imaginar futuros posibles
Por: Isabel Cristina Annear Camero | Enero 13, 2026
El litigio estratégico es, en esencia, una herramienta para disputar el presente e imaginar futuros más justos. Aunque a menudo se le asocia únicamente con las decisiones judiciales que produce, su potencial excede lo que cabe en una sentencia. Litigar puede ser una forma de disputar narrativas dominantes, de abrir nuevas discusiones públicas y de fortalecer procesos sociales en marcha. También es un ejercicio de colaboración con otros sectores del movimiento de derechos humanos, con quienes compartimos la convicción de que el derecho, cuando se usa con creatividad y responsabilidad, puede ser una aliada en la transformación social.
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Desde Dejusticia hemos trabajado con esa convicción como brújula. En este boletín compartimos tres casos que reflejan no solo lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Cada uno de estos procesos ha implicado diagnósticos rigurosos, alianzas con actores locales y decisiones estratégicas pensadas para maximizar efectos estructurales: desde la producción y circulación de evidencia hasta el acompañamiento de comunidades afectadas y la incidencia ante autoridades. Esa combinación entre técnica jurídica y trabajo territorial es la que permite que un caso judicial se convierta en una palanca de transformación. Ellos son ejemplos que muestran la versatilidad del litigio como herramienta de cambio, su capacidad de adaptarse a distintas temáticas, contextos y necesidades, y su poder para generar impactos más allá del estrado judicial.
El primer caso que presentamos es una apuesta por ampliar el alcance del debate público sobre derechos humanos, incluso en escenarios jurídicos con empresas que, en apariencia, no fueron concebidos para ello. Se trata de un caso en que Google demanda una decisión de la autoridad de protección de datos colombiana al considerar que la Ley de Protección de Datos colombiana no le es aplicable y que la autoridad colombiana carece de competencia por tratarse de una empresa extranjera. En este caso, vimos la oportunidad de intervenir con argumentos que resaltan la conexión de este caso con la garantía de nuestros derechos humanos y el interés general. Esta intervención refleja una idea clave: que el litigio, incluso en el marco de procesos alejados de la órbita usual de los derechos humanos, también puede ser un ejercicio que tecnifica el debate, y que además nos permite ampliar el alcance de las controversias judiciales para incluir otros asuntos socialmente relevantes. El litigio permite que la sociedad intervenga en favor del interés público y en defensa de los derechos humanos.
En el segundo caso abordamos la declaratoria del estado de conmoción interior en el Catatumbo colombiano, una región históricamente golpeada por la violencia y el abandono institucional. En este caso presentamos una situación más usual en el campo del litigio estratégico en derechos humanos, donde hacemos uso del derecho para cumplir una de sus funciones más esenciales en democracia: ejercer control al poder y a sus decisiones, en particular cuando éstas se toman en contextos de excepción. En este caso, litigar fue una forma de exigir más Estado donde hace falta. Fue también un recordatorio de que el litigio estratégico no solo busca proteger derechos individuales, sino también hacer exigibles compromisos colectivos y transformaciones institucionales. Todo esto de una gran relevancia comparada, ya que los estados de excepción están latentes en todos los regímenes jurídicos y en ellos se juega la democracia, el estado de derecho y los derechos.
Finalmente, el tercer caso que compartimos nace desde un lugar especialmente relevante para la conversación de derechos humanos y la solidez de los diferentes movimientos sociales. Acompañamos con argumentos jurídicos una causa liderada por aliadas del movimiento de derechos humanos, en defensa de un niño defensor, Rubén, cuyo caso ejemplifica los riesgos que enfrentan las infancias que alzan la voz en contextos de conflicto y desigualdad. Nuestro aporte —centrado en el deber especial de protección hacia niños y niñas defensores— buscó fortalecer el caso en curso y aportar desde nuestra experiencia a una causa urgente. Este ejercicio reafirma que el litigio es un esfuerzo colectivo, un gesto de apoyo y reconocimiento al trabajo de otros y otras que también luchan por construir un mundo más justo. Además, se enmarca en una creciente tendencia internacional: el reconocimiento del derecho a defender derechos, reconocido por la Corte Interamericana en el caso Cajar vs Colombia, decidido en 2023.
Cada uno de estos casos pone en evidencia una faceta distinta del trabajo que hacemos, pero todos comparten una misma convicción: que el litigio estratégico es versátil y debe estar comprometido con las luchas sociales de nuestro tiempo. En ese sentido, buscamos contribuir a que las agendas colectivas sean escuchadas y respondidas con la seriedad que merecen.
En contextos donde los derechos humanos se ven amenazados por discursos autoritarios, decisiones regresivas o violencias estructurales, litigar también es una forma de esperanza. Una forma rigurosa, reflexiva y técnica, pero también profundamente política, en el mejor sentido de la palabra: porque se trata de intervenir en lo público con el deseo y la voluntad de transformar la realidad social.
Esperamos que los casos que compartimos en esta boletín sirvan no solo para mostrar nuestro trabajo, sino también para inspirar nuevas conversaciones y alianzas. Porque el litigio, para nosotras, es una invitación a imaginar otros futuros posibles.
