
La alimentación continúa siendo uno de los grandes desafíos para Colombia, no solo como una política pública, sino como un compromiso ético, social y ambiental con las generaciones presentes y futuras. | Diana Carolina González
Sembrando el derecho a la alimentación para cosechar dignidad en los territorios
Por: Dejusticia | Abril 28, 2026
El número de personas que pasan hambre o no tienen cómo acceder a una comida digna en Colombia es equivalente a juntar la población de la Bogotá región y del Valle de Aburrá. Son 14 millones y medio (Encuesta Calidad de Vida 2024); más de la cuarta parte de la población del país. Si tenemos en cuenta que además de la cantidad, quienes se encuentran en esta situación son más vulnerables, como pueblos indígenas, víctimas del conflicto armado, migrantes, adultos mayores, niñas y niños, el problema es más grave.
En diciembre de 2024 el Congreso aprobó un cambio histórico en la Constitución: el derecho a la alimentación es ahora un derecho fundamental. Pero en la práctica, ¿qué significa eso? ¿Cómo podemos hacer que lo escrito se haga realidad? Para aportar a este debate, desde Dejusticia y la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, lanzamos una nueva publicación: Sembrando el derecho a la alimentación en Colombia: avances y propuestas desde los territorios.
En esta investigación, que fue posible gracias a la recolección de voces territoriales y de experiencias comunitarias, planteamos algunas propuestas concretas para construir sistemas alimentarios más justos, saludables y sostenibles en Colombia. Es decir, para perseguir que ese derecho constitucional sea efectivo. Nuestra publicación nace de un trabajo colectivo que hemos adelantado desde 2021 entre académicos, investigadores, activistas y líderes para reflexionar sobre lo que significa el derecho a la alimentación en diversas regiones del país.
Más allá del hambre
El hambre es solo la punta del iceberg en este problema. En nuestra publicación ahondamos en otros aspectos de la alimentación. Nos enfocamos en la calidad de lo que comemos, en la protección de las semillas nativas, en cómo se producen los alimentos, en los derechos del campesinado y en el acceso equitativo de todas las personas a alimentos saludables.
Por otro lado, abordamos los vacíos y posibles contradicciones de las normas. Por ejemplo, ¿cómo hablamos de soberanía alimentaria si hay tratados comerciales que favorecen a la agroindustria? ¿Cómo cuidamos las semillas tradicionales si existen acuerdos de propiedad intelectual que bloquean estas intenciones?
En el libro abordamos tres aspectos. Primero, la lógica comercial que trata al alimento como una simple mercancía. Segundo, ponemos sobre la mesa el trasfondo del alimento más allá de su valor nutricional: el trabajo colectivo, el papel de las semillas nativas, la alimentación saludable en las universidades y, sobre todo, el rol fundamental de las mujeres en los proyectos agroecológicos. Tercero, repensamos el derecho a la alimentación desde una mirada biocultural, con experiencias concretas de comunidades en los Montes de María y un análisis de jurisprudencia comparada.
Una ruta para que el derecho a la alimentación sea efectivo
Las recomendaciones que incluye nuestra publicación están pensandas como una hoja de ruta para la acción política. Hemos recopilado algunas propuestas prácticas, pensadas para ser aplicadas por quienes gobiernan, pero también para el trabajo académico y de la sociedad civil. Una de las más urgentes es que se apruebe una ley estatutaria que desarrolle el cambio constitucional ya aprobado, y que cree un sistema nacional para garantizar, paso a paso, el derecho a la alimentación.
También se necesita armonizar con el contexto actual a las normas vigentes, para que tengan en cuenta la diversidad cultural y la sostenibilidad. Es clave que el país empiece a aplicar las directrices de la FAO (la organización de la ONU para la alimentación) a la hora de diseñar políticas públicas alimentarias.
Además, el rol de la ciudadanía es clave. Que pueda participar y opinar, que haya mecanismos de monitoreo y veeduría sobre cómo se gastan los recursos en los programas de alimentación, y sobre todo, que se conozcan y se valoren las experiencias locales que ya están mostrando nuevas e inspiradoras formas de producir alimentos y de pensar en lo que comemos.
“La alimentación continúa siendo uno de los grandes desafíos para Colombia, no solo como una política pública, sino como un compromiso ético, social y ambiental con las generaciones presentes y futuras. Este libro es una contribución al debate, el análisis crítico y la acción colectiva por la garantía plena del derecho a la alimentación”, concluyen Diana Guarnizo y Felipe Roa-Clavijo, editores de libro.
