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La COP30 fue el escenario para conversar sobre las ‘transiciones’ pendientes en un mundo cambiante debido a los impactos del cambio climático. | EFE

COP 30: transiciones, ilusiones y descontentos

La COP30 fue el escenario para conversar sobre las ‘transiciones’ pendientes en un mundo cambiante debido a los impactos del cambio climático.

Por: Diana GuarnizoMarzo 19, 2026

La COP30, celebrada en Belém, Brasil, el pasado noviembre de 2025, dejó un balance agridulce. Si bien fue una de las COP con mayor participación, y donde se plantearon temas novedosos en materia alimentaria y de financiamiento climático, el acuerdo final resultó insípido con un documento que excluyó toda referencia a la eliminación gradual de los combustibles fósiles, principales responsables del cambio climático, y en el aire la pregunta por la influencia que ejercen las industrias en estos escenarios. 

Destaquemos primero lo positivo. La COP30 fue el escenario para conversar sobre las ‘transiciones’ pendientes en un mundo cambiante debido a los impactos del cambio climático. En efecto, diversos sistemas, incluyendo los energéticos y alimentarios, se entienden cada vez más como causa y consecuencia del cambio climático. Por eso, el llamado en esta COP30 tanto por movimientos agrarios, alimentarios pero también ambientalistas fue a ‘transitar’, es decir, a pensar y movernos hacia otros modelos -alimentarios y energéticos- que permitan prevenir, mitigar, corregir y reparar de manera más adecuada los efectos del cambio climático. No se trata solo de que ambos sistemas generan emisiones que debemos controlar, sino también de cómo pensarnos sistemas más sostenibles y resilientes que permitan una mejor adaptación a los desafíos del futuro. De allí la necesidad de plantear una transición en distintos niveles que incluya diversos sistemas, actores y estrategias. 

Los dos artículos de este Newsletter destacan el valor que tuvo en la COP30 la discusión sobre diversas transiciones que se traslapan. Por un lado, el artículo de Adriana Torres presenta la importancia de pensar en una ‘transición’ a sistemas alimentarios más sostenibles y resilientes a los efectos del cambio climático. Este tema, tan relevante como urgente, había sido hasta ahora ignorado en las discusiones y aparece como un tema central que reclama acción y medidas concretas. 

Por otro lado, el artículo de Julián Gutiérrez Martínez y Paula Garavito Herrera presenta un análisis sobre ‘transición energética’ y la necesidad, cada vez más apremiante, de que se establezcan metas precisas en la salida a combustibles fósiles y la transición a energías renovables, así como marcos vinculantes para los actores empresariales. 

Ahora lo negativo. Ambos artículos revelan un descontento general. Aunque cada vez más presentes en las discusiones, ninguno de los temas fue explícitamente reconocido en el documento final, al menos no de la manera que se deseaba. El caso más paradigmático fue la no inclusión de un llamado a abandonar los combustibles fósiles en el acuerdo final, una discusión que llevó a varios días de parálisis en las negociaciones. En alimentación, a pesar de que se reconoció la necesidad de transformar los sistemas alimentarios, las menciones fueron opacas, sin compromisos vinculantes, ni financiamiento claro.

En ambos casos, una pregunta que quedó rondando en las discusiones es: ¿Cómo es que, a pesar del gran consenso del público en ciertos temas, estos no llegan a los acuerdos finales en estos espacios multilaterales? ¿Cuáles son las estrategias que despliega la industria para evitar acuerdos desfavorables a sus intereses?  Más aún, ¿Por qué el alto número de lobistas y representantes de la industria en estos escenarios – 1600 del sector de combustibles fósiles, 300 de la agroindustria y la ganadería-? En últimas, ¿Es el espacio de la COP un lugar de participación equitativo o acaso la industria ejerce una influencia desproporcionada? El debate está abierto.

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