Marching for a wide bloc for peace
César RodrÃguez Garavito October 14, 2016
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The massive march last Wednesday confirms that a wide bloc for peace is consolidating: students, indigenous people, farmers and citizens of all ages that converge on an expedited and reached by concesus peace, whether they voted on October 2nd or they voted in favor or against the accords.![]()
The massive march last Wednesday confirms that a wide bloc for peace is consolidating: students, indigenous people, farmers and citizens of all ages that converge on an expedited and reached by concesus peace, whether they voted on October 2nd or they voted in favor or against the accords.![]()
Cuando defendà la idea del frente amplio en la columna anterior, recibà un buen número de comentarios incrédulos. Que en Colombia una marcha no dura más de un dÃa. Que más allá de los universitarios o los sindicatos, la gente no se manifiesta en las vÃas públicas. CreÃa, y ahora lo creo aún más, que los cuatro años de negociaciones de paz han alterado lo que los sociólogos llaman la estructura de oportunidades polÃticas, asà como las percepciones de lo que es posible mediante la movilización social. Hoy los ciudadanos salen a la calle porque sienten la confianza para hacerlo y perciben que están más cerca que nunca de un paÃs sin guerra. Con ello, trasladan la carga de la prueba a los que quieren alargar las negociaciones más allá de lo posible o lo razonable, o los que quisieran ver frustrada la paz.
Me perdonarán los lectores volver a lo que escribà la semana pasada, pero creo que hay que insistir en tres principios para el frente amplio. Primero, la conciliación entre los del SÃ, los del No y la mayorÃa que se abstuvo de votar pasa por revisar, no suplantar, los avances fundamentales del acuerdo de La Habana. Ya se va decantando el contenido de las revisiones puntuales, pero importantes, que los proponentes más transparentes del No habÃan planteado antes del plebiscito: mayor precisión y exigencia acerca de las condiciones de privación de la libertad de los responsables de los crÃmenes más graves del conflicto, sin que necesariamente impliquen cárcel; alguna restricción de derechos de participación polÃtica mientras se cumplen las sanciones; requisitos más claros sobre el contenido y las fuentes de la reparación económica de los victimarios a las vÃctimas; y legislación de implementación que sigan más de cerca los procedimientos regulares del Congreso.
Segundo, se deben mantener los capÃtulos y las reglas del acuerdo que no tienen que ver con lo anterior. Hay que comenzar por el primer punto del acuerdo, sobre la reforma rural integral, que respeta los derechos de propiedad y no hace nada distinto a restituir la posesión o el derecho de propiedad a los campesinos desplazados y promover el acceso a tierras que han sido apropiadas por medios irregulares o son de baldÃos del Estado, como explicó Ana MarÃa Ibáñez en El Tiempo. Hay que continuar por defender el segundo punto del acuerdo, que protege el tipo de movilización social que estamos viendo en estos dÃas, y lo amplÃa con reglas que facilitan el despegue de movimientos sociales, pequeños partidos y consultas ciudadanas.
Tercero: hay que seguir marchando. Porque sin la presión de un frente amplio, la paz a la colombiana es otro Frente Nacional, pactado entre facciones de la clase polÃtica y basado en el canje de concesiones hechas al calor de los cálculos electorales hacia 2018. Y ya sabemos cómo termina esa historia.
