The luck of prohibition: Bloomsday
Vivian Newman Pont June 16, 2017
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The history of art is plagued with censorship. Ulysses, by the Irish author James Joyce, was banned for more than ten years and went to trial three times for being considered obscene.![]()
The history of art is plagued with censorship. Ulysses, by the Irish author James Joyce, was banned for more than ten years and went to trial three times for being considered obscene.![]()
Today, June 16, it’s Bloomsday in Dublin, Ireland. The IrishĀ celebrate the 24 hours of the Dublin life of Leopold Bloom, the protagonist of Ulysses. This universal novel has endless contributions to literature ranging from its musicality, to its complex and millimeter structure, but the pride of having developed the Ulysses and the annual meeting onĀ June 16 has not always been a constant. The book was banned for more than ten years and was tried three times in court.
La obra se empezó a publicar por entregas en The Little Review y en 1920 fue suspendida por un juez en respuesta a una demanda de la Sociedad Neoyorquina para la Supresión del Vicio. Solo iba por la mitad, con lo que ni siquiera habĆa rastro del conocido y osado monólogo de Molly Bloom, la esposa adĆŗltera. AdemĆ”s de quemarse ejemplares en EE. UU. como si fuera la inquisición, o estuviĆ©ramos ante la ira de fundamentalistas colombianos, tambiĆ©n se prohibió en el discreto Reino Unido. Se consideró entonces denigrante pornografĆa, un libro impĆŗdico, lascivo, sórdido, degradante, y sin ningĆŗn mĆ©rito literario.
La historia del arte estĆ” plagada de censura. BĆ”stenos recordar algunos ejemplos no tan lejanos como la prohibición de presentar la pelĆcula La Ćŗltima tentación de Cristo, de Martin Scorsese, por lo cual la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado chileno en 2001. En un Festival Iberoamericano de Teatro en Colombia tambiĆ©n hubo jóvenes que salieron a tirarle piedras a una obra de teatro brasilera que se llamaba Teledeum, donde una hamburguesa representaba la hostia. Y ĀæCómo no habrĆa de caerse en la tentación de prohibir la historia del hombre que se enamoró de su hijastra de 12 aƱos, en Lolita, de Vladimir Nabokov?
Pero toda esta censura es mala estrategia para impedir el acceso al arte. Tarde o temprano la prohibición se convertirĆ” en garantĆa si se trata de grandes obras. AsĆ, mientras en EE. UU. y en Inglaterra lo censuraban, Joyce conseguĆa que Sylvia Beach, la librera de Shakespeare & Co., lo publicara en ParĆs y le abriera el camino para convertirla en la novela maestra que es hoy.
La prohibición del Ulises en Estados Unidos duró hasta 1933 cuando un juez ilustrado, empĆ”tico y poseedor de una gran biblioteca, decidió leer las casi 800 pĆ”ginas del libro y no sólo concentrarse en las partes que el fiscal consideraba impĆŗdicas. El juez John M. Woolsey, quien ya habĆa autorizado la publicación de unos tratados mĆ©dicos de salud sexual absurdamente censurados, dijo: āEs un comentario poderoso sobre la vida de hombres y mujeres⦠soy consciente de que debido a algunas escenas, Ulises es un trago bastante fuerte para algunas personas sensibles pero normales. No obstante, tras mucho pensarlo, opino que si bien en algunas partes el efecto del Ulises sobre los lectores es sin duda un poco vomitivo, en ninguna tiende a ser afrodisĆaco. Por lo tanto puede admitĆrselo en Estados Unidosā.
La misma semana en que Woolsey autorizara a las librerĆas norteamericanas vender el Ulises de Joyce, se revocó la prohibición del alcohol en NorteamĆ©rica. AsĆ que hoy, tanto el Ulises como el alcohol gozan de muy buena salud. Es claro que con el tiempo, al menos en Occidente, la censura del arte ha ido cediendo, pero aĆŗn nos queda una urgente reflexión sobre la necesidad de mantener prohibiciones o proponer formas mĆ”s sostenibles de lidiar con lo que consideramos vicios.
