The Rapists with Diplomatic Immunity and the Victims without Justice
Celeste Kauffman June 29, 2016
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Almost a decade ago some U.S. military men raped a twelve year old girl in Melgar. The US refuses to investigate the case and Colombia likewise refuses to attend to the victim. Today this girl is a woman and continues searching for justice.![]()
Almost a decade ago some U.S. military men raped a twelve year old girl in Melgar. The US refuses to investigate the case and Colombia likewise refuses to attend to the victim. Today this girl is a woman and continues searching for justice.![]()
Hace casi una dĂ©cada, el paĂs se indignĂł cuando saliĂł a la luz que CĂ©sar RuĂz y Michel J. Coen, contratista y sargento estadounidenses, drogaron, secuestraron y violaron a una niña de 12 años en Melgar. Hasta hoy Estados Unidos se ha negado a condenarlos y Colombia no los puede juzgar, ya que hace 30 años firmĂł un acuerdo con Estados Unidos que garantiza la inmunidad diplomática para todo el personal militar y los contratistas estadounidenses que operen en el paĂs.
En los casi 10 años que han pasado desde ese dĂa, Estados Unidos, el Estado de Colombia y la misma sociedad colombiana le han fallado a esta mujer en todas las maneras posibles, impidiendo que obtenga justicia y agravando su sufrimiento.
SegĂşn el acuerdo, Estados Unidos debe sancionar a los que cometen crĂmenes en Colombia mientras gozan de inmunidad diplomática. Sin embargo, este paĂs ha demorado el proceso tanto que, hasta la fecha, los dos hombres andan libres en suelos estadounidenses. Nueve años despuĂ©s del crimen solamente Coen será procesado, mientras que RuĂz saldrá impune. AsĂ mismo, el año pasado investigadoras del Mando de Investigaciones Criminales del EjĂ©rcito de EE.UU. tomaron la declaraciĂłn de la vĂctima y meses despuĂ©s funcionarios militares le informaron que este año se celebrarĂa el juicio. AĂşn en esta etapa, Estados Unidos no ha actuado de buena fe. Por el contrario, ha ignorado las peticiones reiteradas de la vĂctima, como por ejemplo que siempre la contacten a travĂ©s de su abogado. Adicionalmente, para el juicio Estados Unidos le exige que viaje sola a una base militar y que declare sin la presencia de su abogado o de quienes le podrĂan ofrecer apoyo moral. Piden a esta joven que enfrente a su violador y reviva el peor momento de su vida sola, en un proceso incomprensible e inaccesible, en un paĂs e idioma extranjero.
Además de renunciar a su responsabilidad de juzgar a las personas que cometen crĂmenes en su territorio, Colombia tambiĂ©n ha violado los derechos a la verdad, justicia, y reparaciĂłn de la vĂctima y su familia, lavándose los manos de sus obligaciones hacĂa ella. La respuesta estatal frente al caso parece salir de un manual sobre cĂłmo no tratar a una vĂctima de violencia sexual. SegĂşn la vĂctima, dĂas despuĂ©s de la violaciĂłn, los investigadores y fiscales insistieron en interrogarla sola. La llevaron sola, con dos hombres, a la base militar en Melgar (¡al sitio de su violaciĂłn! ¡sola!) para identificar el lugar del crimen. La psicĂłloga de Medicina Legal, segĂşn su testimonio, le dijo que ella quiso la violaciĂłn (¡una niña de 12 años querĂa su violaciĂłn!). DespuĂ©s de cerrar la investigaciĂłn, y hasta la fecha, la vĂctima cuenta que las autoridades no le han proveĂdo asistencia psicosocial. Tampoco han respondido a las amenazas que recibiĂł la familia por denunciar el caso o atendido a sus necesidades cuando fueron desplazadas una y otra vez por estas amenazas. Colombia ha preferido proteger sus relaciones con Estados Unidos en vez de insistir que este paĂs haga justicia. Y ahora, abandona a la vĂctima en el proceso militar en Estados Unidos, dejándola sola para enfrentar el mismo sistema que permitiĂł que la violaran.
Como si esto no fuera suficiente, la reacciĂłn de muchos colombianos frente a este caso no ha sido de compasiĂłn e indignaciĂłn, sino de revictimizaciĂłn. Es sumamente escandaloso e imperdonable que cada vez que los medios reportan este caso, muchas personas culpan a la vĂctima. En vez de contar con la empatĂa y apoyo de sus compatriotas, ella tiene que esconderse de las miradas de sus vecinos, llenas de prejuicios, y leer comentarios mal intencionados en la web. En vez de reconocer su valentĂa, la tildan de mentirosa y de “puta”.
En esta tragedia, en la cual todos se niegan a responder por sus acciones y errores, quienes terminan pagando son la vĂctima y su familia. Esta mujer es impresionante; a pesar de todos los obstáculos, el dolor y las amenazas, ha tenido la valentĂa de salir adelante y seguir su lucha por la justicia. Ahora Colombia tiene la obligaciĂłn de responder por su abandono, apoyándola en el proceso estadounidense y reparando los impactos que han tenido la violaciĂłn y falta de justicia. Y los colombianos debemos apoyarla y reconocer su valentĂa.
