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It is programs in which adolescents are treated as subjects of rights that welcome solutions to the rise of youth violence, not the heavy-handed response of criminal responsibility.

It is programs in which adolescents are treated as subjects of rights that welcome solutions to the rise of youth violence, not the heavy-handed response of criminal responsibility.

Hay un problema que aún no ha podido ser abordado de una manera inteligente por los Estados en América Latina: la criminalidad juvenil*. La dinámica del crimen organizado, las economías ilegales y la exclusión económica o social de poblaciones han generado un caldo de cultivo en el que la violencia toma como principales víctimas y victimarios a los adolescentes. Una interpretación simplista de esta violencia no sólo provoca un exceso de carga sobre los sistemas de responsabilidad penal para adolescentes, además no mejora la seguridad ni atiende las casusas reales del problema. De allí que las respuestas a la criminalidad juvenil no pueden seguir siendo el endurecimiento de penas, la reducción de la edad de imputabilidad penal o la expansión de las medidas privativas de la libertad.

 

Desde la adopciĂłn de la ConvenciĂłn Internacional de los Derechos del Niño en 1989, cerca de una quincena de paĂ­ses de AmĂ©rica Latina han permitido el juzgamiento de jĂłvenes envueltos en acciones criminales bajo unas reglas especiales. La lĂłgica de los procedimientos es la formaciĂłn de sujetos de derechos a travĂ©s pedagogĂ­a y educaciĂłn. Por eso, en teorĂ­a se restringe al máximo la privaciĂłn de la libertad, pues se trata de dar un reemplazo al castigo de las infracciones a la ley por un mejor entendimiento de las realidades de jĂłvenes que entran en conflicto con las normas penales. Sin embargo, en la realidad muchos jĂłvenes son llevados a instancias judiciales con el Ăşnico objetivo de controlar la criminalidad y mejorar la seguridad.

 

Edades en las que opera el sistema de responsabilidad adolescente en 7 países de América Latina

PaĂ­s

Edad MĂ­nima

Edad Máxima

Argentina

16 años

18 años

Bolivia

14 años

18 años

Colombia

14 años

18 años

Costa Rica

12 años

18 años

Ecuador

12 años

18 años

Paraguay

14 años

18 años

Uruguay

13 años

18 años

La edad de responsabilidad penal adolescente es el momento a partir del cual a un adolescente se le puede considerar responsable de la comisiĂłn de un delito, pero a travĂ©s de un procedimiento especial, diferente al de las personas adultas. Fuente: http://www.orjpj.org/

 

De acuerdo con las Naciones Unidas  los jĂłvenes son el grupo poblacional más afectado por el delito y la violencia en AmĂ©rica Latina, pero a su vez son los responsables más comunes de la comisiĂłn de estos. Los robos, el microtráfico, la extorsiĂłn y el asesinato son las conductas más comunes por las que los adolescentes entran a los circuitos del delito, afectando gravemente la seguridad ciudadana.

 

Las sociedades alarmadas con las cifras de violencia de jĂłvenes, no se preguntan quĂ© debe hacerse más allá de juzgar los crĂ­menes cometidos. Desconocen que el encarcelamiento de poblaciĂłn adolescente en centros especializados alcanza unas tasas inquietantes para Brasil, Colombia y Uruguay, si se tiene en cuenta que la privaciĂłn de la libertad es “la Ăşltima herramienta” y los efectos de estas sanciones. SegĂşn datos del Observatorio Regional de Justicia Penal Juvenil, la tasa de encarcelamiento para 8 paĂ­ses de AmĂ©rica Latina alcanza los 27 por cada 100 mil adolescentes.

 

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Fuente: ElaboraciĂłn propia con Datos del Observatorio Regional de Justicia Penal Juvenil (se corrigieron los datos de Uruguay).

 

La baja escolarizaciĂłn, la pobreza y la privaciĂłn de oportunidades no son los Ăşnicos factores que explican el aumento de la participaciĂłn juvenil en los delitos violentos. De acuerdo con InSight Crime una razĂłn que pesa en el involucramiento de adolescentes en estos crĂ­menes en paĂ­ses como MĂ©xico, Colombia, Brasil y El Salvador es el dominio que las organizaciones criminales han mantenido en muchas zonas urbanas y rurales. En aquellos espacios donde el Estado permanece ausente o con precariedad institucional, la falta de acceso a la educaciĂłn y a empleo digno empuja a los jĂłvenes a ejercer el trabajo de alto riesgo de las economĂ­as ilegales controladas por carteles, pandillas o bandas criminales.

 

Realmente las autoridades y la población en general no saben cómo responder a la criminalidad violenta de los adolescentes. Es cierto, que el crimen organizado utiliza e incorpora a los jóvenes para desempeñar algunas tareas con el objetivo de aprovechar la protección legal que tienen, pero la solución es debilitar las economías que dan oxígeno a esos grupos o evitar que los recluten, no aumentar la represión penal sobre los adolescentes. Bajo la lógica de la pobreza, la exclusión y el crimen organizado, siempre habrá personas que utilizar para los trabajos sucios.

 

Lo que deberĂ­a hacerse es detener las ganas de encarcelar a todo aquel que cometa un delito, entablar diálogos con los jĂłvenes y construir confianza a travĂ©s de programas sociales. Algo que no es fácil, pero puede significar transformaciones más profundas de lo que el encarcelamiento implica. Iniciativas como la LegiĂłn del Afecto en Colombia o la FundaciĂłn Tamarindo de El Salvador están enfocados en aquellos jĂłvenes de zonas con altos Ă­ndices de violencia y criminalidad, con el objetivo no sĂłlo de dar alternativas frente al crimen organizado sino de promover polĂ­ticas que reduzcan la tenencia de armas, la pertenencia a pandillas y la violencia cotidiana, que involucran el liderazgo de los mismos adolescentes. Hechos concretos que ayudarĂ­an a disminuir las cifras de inseguridad, pero sin un estudio adecuado por parte de los hacedores de polĂ­tica de seguridad.

 

Quienes defienden las propuestas de reducir la edad de imputabilidad penal permanecen no sólo en un populismo punitivo sino en la ignorancia de las realidades de grandes capas de la población en América Latina, donde los grupos criminales son los que imponen el orden y el Estado hace una presencia mínima o limitada a los organismos de seguridad (ejército o policía).

 

Este tipo de programas, donde a los adolescentes se les trate como sujetos de derechos, son los que abren las puertas a las soluciones del incremento de la violencia juvenil, no la mano dura de la responsabilidad penal. Valdría la pena poner atención en esfuerzos que la sociedad civil ha realizado para contrarrestar los fenómenos criminales de barrio, vereda o ciudad, y que brindan un entendimiento mayor de las realidades cotidianas de muchos jóvenes de América Latina.

 

*En este texto se utilizan como sinĂłnimos “jĂłvenes” y “adolescentes”. Sin embargo en algunos contextos pueden ser diferenciados. AsĂ­ es que en varios estudios sobre criminalidad juvenil se incluyen cifras de personas mayores de 18 años y menores de 25 años. AquĂ­ hago referencia a la criminalidad que está relacionada con los menores de 18 años y que son juzgados a travĂ©s de reglas especiales. 

Of interest: Política Criminal

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