Unreformable criminals or teenagers in complex realities?
Luis Felipe Cruz August 12, 2016
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It is programs in which adolescents are treated as subjects of rights that welcome solutions to the rise of youth violence, not the heavy-handed response of criminal responsibility.![]()
It is programs in which adolescents are treated as subjects of rights that welcome solutions to the rise of youth violence, not the heavy-handed response of criminal responsibility.![]()
Hay un problema que aĂşn no ha podido ser abordado de una manera inteligente por los Estados en AmĂ©rica Latina: la criminalidad juvenil*. La dinámica del crimen organizado, las economĂas ilegales y la exclusiĂłn econĂłmica o social de poblaciones han generado un caldo de cultivo en el que la violencia toma como principales vĂctimas y victimarios a los adolescentes. Una interpretaciĂłn simplista de esta violencia no sĂłlo provoca un exceso de carga sobre los sistemas de responsabilidad penal para adolescentes, además no mejora la seguridad ni atiende las casusas reales del problema. De allĂ que las respuestas a la criminalidad juvenil no pueden seguir siendo el endurecimiento de penas, la reducciĂłn de la edad de imputabilidad penal o la expansiĂłn de las medidas privativas de la libertad.
Desde la adopciĂłn de la ConvenciĂłn Internacional de los Derechos del Niño en 1989, cerca de una quincena de paĂses de AmĂ©rica Latina han permitido el juzgamiento de jĂłvenes envueltos en acciones criminales bajo unas reglas especiales. La lĂłgica de los procedimientos es la formaciĂłn de sujetos de derechos a travĂ©s pedagogĂa y educaciĂłn. Por eso, en teorĂa se restringe al máximo la privaciĂłn de la libertad, pues se trata de dar un reemplazo al castigo de las infracciones a la ley por un mejor entendimiento de las realidades de jĂłvenes que entran en conflicto con las normas penales. Sin embargo, en la realidad muchos jĂłvenes son llevados a instancias judiciales con el Ăşnico objetivo de controlar la criminalidad y mejorar la seguridad.
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Edades en las que opera el sistema de responsabilidad adolescente en 7 paĂses de AmĂ©rica Latina |
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PaĂs |
Edad MĂnima |
Edad Máxima |
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Argentina |
16 años |
18 años |
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Bolivia |
14 años |
18 años |
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Colombia |
14 años |
18 años |
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Costa Rica |
12 años |
18 años |
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Ecuador |
12 años |
18 años |
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Paraguay |
14 años |
18 años |
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Uruguay |
13 años |
18 años |
La edad de responsabilidad penal adolescente es el momento a partir del cual a un adolescente se le puede considerar responsable de la comisión de un delito, pero a través de un procedimiento especial, diferente al de las personas adultas. Fuente: http://www.orjpj.org/
De acuerdo con las Naciones Unidas los jóvenes son el grupo poblacional más afectado por el delito y la violencia en América Latina, pero a su vez son los responsables más comunes de la comisión de estos. Los robos, el microtráfico, la extorsión y el asesinato son las conductas más comunes por las que los adolescentes entran a los circuitos del delito, afectando gravemente la seguridad ciudadana.
Las sociedades alarmadas con las cifras de violencia de jĂłvenes, no se preguntan quĂ© debe hacerse más allá de juzgar los crĂmenes cometidos. Desconocen que el encarcelamiento de poblaciĂłn adolescente en centros especializados alcanza unas tasas inquietantes para Brasil, Colombia y Uruguay, si se tiene en cuenta que la privaciĂłn de la libertad es “la Ăşltima herramienta” y los efectos de estas sanciones. SegĂşn datos del Observatorio Regional de Justicia Penal Juvenil, la tasa de encarcelamiento para 8 paĂses de AmĂ©rica Latina alcanza los 27 por cada 100 mil adolescentes.

Fuente: ElaboraciĂłn propia con Datos del Observatorio Regional de Justicia Penal Juvenil (se corrigieron los datos de Uruguay).
La baja escolarizaciĂłn, la pobreza y la privaciĂłn de oportunidades no son los Ăşnicos factores que explican el aumento de la participaciĂłn juvenil en los delitos violentos. De acuerdo con InSight Crime una razĂłn que pesa en el involucramiento de adolescentes en estos crĂmenes en paĂses como MĂ©xico, Colombia, Brasil y El Salvador es el dominio que las organizaciones criminales han mantenido en muchas zonas urbanas y rurales. En aquellos espacios donde el Estado permanece ausente o con precariedad institucional, la falta de acceso a la educaciĂłn y a empleo digno empuja a los jĂłvenes a ejercer el trabajo de alto riesgo de las economĂas ilegales controladas por carteles, pandillas o bandas criminales.
Realmente las autoridades y la poblaciĂłn en general no saben cĂłmo responder a la criminalidad violenta de los adolescentes. Es cierto, que el crimen organizado utiliza e incorpora a los jĂłvenes para desempeñar algunas tareas con el objetivo de aprovechar la protecciĂłn legal que tienen, pero la soluciĂłn es debilitar las economĂas que dan oxĂgeno a esos grupos o evitar que los recluten, no aumentar la represiĂłn penal sobre los adolescentes. Bajo la lĂłgica de la pobreza, la exclusiĂłn y el crimen organizado, siempre habrá personas que utilizar para los trabajos sucios.
Lo que deberĂa hacerse es detener las ganas de encarcelar a todo aquel que cometa un delito, entablar diálogos con los jĂłvenes y construir confianza a travĂ©s de programas sociales. Algo que no es fácil, pero puede significar transformaciones más profundas de lo que el encarcelamiento implica. Iniciativas como la LegiĂłn del Afecto en Colombia o la FundaciĂłn Tamarindo de El Salvador están enfocados en aquellos jĂłvenes de zonas con altos Ăndices de violencia y criminalidad, con el objetivo no sĂłlo de dar alternativas frente al crimen organizado sino de promover polĂticas que reduzcan la tenencia de armas, la pertenencia a pandillas y la violencia cotidiana, que involucran el liderazgo de los mismos adolescentes. Hechos concretos que ayudarĂan a disminuir las cifras de inseguridad, pero sin un estudio adecuado por parte de los hacedores de polĂtica de seguridad.
Quienes defienden las propuestas de reducir la edad de imputabilidad penal permanecen no sĂłlo en un populismo punitivo sino en la ignorancia de las realidades de grandes capas de la poblaciĂłn en AmĂ©rica Latina, donde los grupos criminales son los que imponen el orden y el Estado hace una presencia mĂnima o limitada a los organismos de seguridad (ejĂ©rcito o policĂa).
Este tipo de programas, donde a los adolescentes se les trate como sujetos de derechos, son los que abren las puertas a las soluciones del incremento de la violencia juvenil, no la mano dura de la responsabilidad penal. ValdrĂa la pena poner atenciĂłn en esfuerzos que la sociedad civil ha realizado para contrarrestar los fenĂłmenos criminales de barrio, vereda o ciudad, y que brindan un entendimiento mayor de las realidades cotidianas de muchos jĂłvenes de AmĂ©rica Latina.
*En este texto se utilizan como sinónimos “jóvenes” y “adolescentes”. Sin embargo en algunos contextos pueden ser diferenciados. Asà es que en varios estudios sobre criminalidad juvenil se incluyen cifras de personas mayores de 18 años y menores de 25 años. Aquà hago referencia a la criminalidad que está relacionada con los menores de 18 años y que son juzgados a través de reglas especiales.
